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Históricamente la alcaldía Milpa Alta se ha posicionado como la demarcación con el porcentaje más bajo de población a comparación del resto de sus homónimas en la Ciudad de México. Sin embargo ¿Podemos decir lo mismo del índice de inseguridad que se registra en la historia contemporánea de su territorio?
Milpa Alta. ¿Menos población asegura menos inseguridad? FOTO: gobmilpaalta
La Ciudad de México se percibe habitualmente como una mancha urbana ininterrumpida de asfalto, rascacielos y tránsito pesado. Sin embargo, en el extremo suroriente de la capital existe una visión geográfica, social y demográfica que desafía la lógica de la metrópoli: la alcaldía Milpa Alta. Con una identidad arraigada en sus pueblos originarios y una economía que se enfoca esencialmente en el trabajo del campo, esta demarcación se ha consolidado como un objeto de estudio prioritario para entender los fenómenos de seguridad pública. A través de los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) y la Fiscalía General de Justicia de la CDMX (FGJCDMX), es posible observar una ventana de la alcaldía donde el tejido social comunitario actúa como escudo ante la inseguridad, pero donde las carencias estructurales pueden representar un reto en esta materia.
De acuerdo con el último Censo de Población y Vivienda oficial del INEGI, Milpa Alta es la alcaldía menos poblada de la Ciudad de México, con apenas 152,669 habitantes, cifra que representa un mínimo 1.55% del total de la población capitalina. A diferencia de otras alcaldías, Milpa Alta se organiza de forma tradicional en 12 pueblos originarios, siendo Villa Milpa Alta, San Pedro Atocpan, San Pablo Oztotepec y Santa Ana Tlacotenco algunos de los más representativos.
En el ámbito económico, los indicadores de la Secretaría de Economía confirman que la demarcación vive de actividades fundamentalmente agrícolas y comerciales de baja escala. Milpa Alta es el epicentro de la producción de nopal a nivel nacional, asimismo, la preparación artesanal de mole, principalmente en el pueblo de San Pedro Atocpan diversifica su economía. Sin embargo, los datos de bienestar social contrastan con su riqueza ecológica. Mediciones del CONEVAL ubican a Milpa Alta con el Índice de Desarrollo Social más bajo de toda la Ciudad de México. Aproximadamente el 54.6% de sus habitantes vive en condiciones de pobreza denotando un rezago en el acceso a servicios básicos e infraestructura urbana formal.
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Al evaluar la seguridad pública desde el total de carpetas de investigación iniciadas ante la FGJCDMX, Milpa Alta se posiciona como la alcaldía con menor cantidad de delitos del fuero común en la Ciudad de México. Las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) indican que los delitos de alto impacto que se concentran en otras zonas de la capital, como el robo de vehículos con violencia, el secuestro o los asaltos a transeúntes a mano armada, registran tasas mínimas en los últimos cinco años dentro de la alcaldía. No obstante, las denuncias ante el Ministerio Público local en Milpa Alta registran mayor incidencia en delitos relacionados con el entorno social, entre ellos: violencia familiar, amenazas y lesiones dolosas, así como delitos ambientales.
Milpa Alta registra una de las tasas de analfabetismo y rezago educativo en adultos más elevadas de la capital con cifras entre el 2.7% y el 5.6% de la población. A esto se suma la falta de fuentes de empleo formal y diversificado para los jóvenes, quienes dependen del empleo agrícola estacional. Finalmente, las autoridades locales identifican el consumo problemático de alcohol, potenciado frecuentemente durante las tradicionales fiestas patronales y de los pueblos, como el principal detonante que escala las discusiones familiares y vecinales hacia delitos de lesiones y violencia física.
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Aunque parezca así, el fenómeno institucional que frena la delincuencia en Milpa Alta es su cohesión social y tejido comunitario. Al mantenerse la estructura de pueblos originarios donde las familias comparten lazos históricos y vecinales de generaciones, se genera un mecanismo informal de vigilancia colectiva. La comunidad identifica rápidamente a agentes externos y suele organizarse de forma preventiva frente a conductas sospechosas, lo que inhibe la multiplicación de bandas delictivas. Pero ¿por qué los ciudadanos no la perciben como la alcaldía más segura en las encuestas urbanas?
Pese a este control comunitario y a tener los números delictivos más bajos en las agencias del Ministerio Público, Milpa Alta no ocupa el primer lugar de seguridad en resultados estadísticos como la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU). En los últimos resultados trimestrales, la alcaldía se estabiliza generalmente en el puesto 11 de 16 demarcaciones, quedando lejos del nivel de confianza que registran zonas urbanas como Benito Juárez o Miguel Hidalgo. Esta aparente contradicción entre la baja delincuencia real y el miedo moderado al delito radica en tres realidades estructurales que el INEGI y la Fiscalía colocan al centro:
Vulnerabilidad geográfica y aislamiento periférico: Al ser una demarcación predominantemente rural y con grandes extensiones de terreno despoblado entre un pueblo y otro, la falta de infraestructura urbana se convierte en un factor de riesgo. Las calles poco iluminadas, las zonas de cultivo solitarias a pie de carretera y las grandes distancias aumentan el sentimiento de desprotección. El INEGI reporta de manera consistente que el temor ciudadano a nivel nacional y local se dispara en los cajeros, el transporte público y los tramos carreteros; en el caso de Milpa Alta, esta percepción se agudiza críticamente en las rutas y carreteras periféricas que conectan a la demarcación con las alcaldías vecinas de Tláhuac y Xochimilco.
El impacto de la violencia doméstica: La percepción de inseguridad no se construye únicamente pensando en el espacio público. El hecho de que la violencia familiar sea el delito más común dentro de la alcaldía marca a la población local. Para una comunidad, saber que el entorno doméstico es estadísticamente el más propenso a registrar agresiones eleva el indicador de vulnerabilidad, especialmente entre la población femenina.
Ante este escenario, Milpa Alta representa un modelo híbrido en la Ciudad de México. Su naturaleza comunitaria y su baja densidad poblacional la salvan de las dinámicas de la delincuencia organizada que golpean al resto de la capital mexicana. No obstante, sus propios rezagos económicos, la violencia interna de los hogares y el aislamiento de su geografía periférica ponen sobre la mesa que la seguridad no solo se mide por la ausencia de asaltos en las calles, sino por las condiciones de bienestar y desarrollo dentro y fuera del hogar.