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El director y los protagonistas de “En el Camino” nos cuentan de masculinidades, diversidad y libertad

La cinta En el camino llega este sábado a los Premios Ariel a bordo de un tráiler cargado de 13 nominaciones y una historia que pone en primer plano a personajes queer, periféricos y alejados de la representación hegemónica, para ponerlos en el centro de la conversación.

El director y los protagonistas de “En el Camino” nos cuentan de masculinidades, diversidad y libertad

Durante años, buena parte del cine LGBTIQ+ nos acostumbró a mirar hacia el mismo sitio: hombres jóvenes, blancos, urbanos, cuerpos hegemónicos, departamentos bonitos, vacaciones, profesiones liberales y conflictos amorosos que ocurren bastante lejos de la base de la pirámide. Pero resulta que los maricas también somos proletarios. También hay diversidad en una carretera de Ciudad Juárez. En la cabina de un tráiler. En los moteles de paso. Entre trabajadores, migrantes, adicciones, precariedad, cumbias y territorios donde el machismo y la violencia forman parte del paisaje.

Y hacia allá decidió mirar el director David Pablos. En el camino pone frente a frente a dos personajes que difícilmente protagonizarían una historia de amor convencional: El Muñeco, un trailero cuya vida está atravesada por las adicciones y la distancia con su familia, y Veneno, un joven que vende su cuerpo en las carreteras.

No son los gays hegemónicos que durante años dominaron cierta representación de la diversidad en el cine y las series. Son periféricos, son precarios, son norteños.

Y tienen deseo, miedo, contradicciones y derecho a enamorarse. Ahí radica buena parte de la potencia de En el camino: Pablos no mira hacia los márgenes para convertirlos en espectáculo. Hace exactamente lo contrario: coloca a sus personajes en el centro de la pantalla.

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Y este sábado el centro será también literal. La película llega a la 68 edición de los Premios Ariel encabezando las nominaciones con 13 candidaturas, además llega con un precedente importante, el haber ganado el Queer Lion y el Premio Orizzonti a Mejor Película en la Mostra de Venecia y, como si eso fuera poco, fue seleccionada oficialmente por la Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas para representar a México rumbo al Oscar 2027.  En los Ariel, David Pablos compite en Mejor dirección y guion original; Osvaldo Sánchez, quien interpreta a El Muñeco, está nominado como Mejor actor; y Víctor Miguel Prieto Simental, Veneno, como Revelación actoral. Los personajes que habitualmente permanecían en el background terminaron bajo los reflectores de la Academia mexicana y hablan en exclusiva con nosotros sobre qué esperan de la noche más importante del cine nacional.

David Pablos: Mirar hacia donde pocos miran

David Pablos se fue al norte y colocó su cámara en un territorio donde la diversidad pocas veces aparece representada: las carreteras, los tráileres y un universo de hombres en el que el machismo pareciera formar parte del paisaje. Por eso, cuando le pregunto  en la comida de nominados que organiza la Academia, qué significa para el que una película que retrata esta diversidad, llegue con semejante reconocimiento a los Ariel, Pablos pone el acento en una palabra: visibilidad.

– “Creo que una película que retrata la diversidad y que tenga estos reconocimientos es importante. La visibilidad también en estos contextos es importante; en los contextos de premios, quiero decir”.

Lo curioso es que asegura que nunca hizo En el camino pensando en premios: “No lo imaginaba. Voy a sonar a disco rayado, pero yo solo imaginaba hacer la película que soñé hacer. Eso es lo único que pensaba. Todo lo demás, como ya se sale del control de uno, estos reflectores no los tenía en mente”.

Los reconocimientos llegaron, pero Pablos asegura que otra cosa lo ha sorprendido todavía más: la reacción de la gente: “Eso es lo que más contento me tiene, el recibimiento del público. Creo que hubo mucha visceralidad, en el mejor de los sentidos. La manera de expresar esa conexión con la película fue muy visceral y la agradezco. Fue muy bella y no dejo de sorprenderme de cómo conecta en contextos que quizás yo no hubiera pensado”.

La cinta provocó conversaciones sobre diversidad, sexualidad, violencia, clase y precariedad. Pero hubo una discusión que particularmente entusiasmó al director: “Me gustan todas estas discusiones que se generaron. Creo que todos esos temas son importantes y están en la película, pero quizás el que más me entusiasmó fue ver que se habló mucho de la masculinidad en estos contextos tan machistas, donde normalmente no se retrata o no se voltea a ver la diversidad”.

Y el norte tampoco es simplemente el escenario: “Parte de la esencia de este proyecto es el norte mismo y lo que representa, cómo se vive, cómo es el acento. Sobre todo Juárez tiene una personalidad bastante única. Yo volvería a Juárez una y otra vez. Me enamoré de Juaritos”.

Osvaldo Sánchez: Del background al primer plano 

Osvaldo Sánchez encontró en su personaje: El Muñeco, a uno de esos hombres que difícilmente protagonizan una historia de amor en el cine. Ahora el personaje lo tiene nominado al Ariel como Mejor actor. Pero cuando hablamos, Sánchez no comienza por el premio. Inicia, precisamente, por aquellos que históricamente han permanecido al fondo de la pantalla: “Es una gran fortuna de esta película, un gran ojo de David, que quiere mostrar otras cosas que no se cuentan. Historias que normalmente no se cuentan, personajes que usualmente no ves en pantalla o que ves como de background y ahora son protagonistas”.

Y ahí están El Muñeco y Veneno: dos personajes que habitan un universo atravesado por la violencia y el machismo, pero a quienes Pablos permite algo mucho menos habitual en esa representación: ser vulnerables: “Son personajes a veces disidentes, relegados por el mismo sistema, a los que se les da voz. Y qué bello que se les dé voz a el Muñeco y a Veneno, porque muestran una gran ternura, muestran un gran amor”.

Sánchez lleva entonces la conversación más allá de las etiquetas: “Si realmente caen todos los conceptos, todos los constructos sociales, todas las identidades o ideologías, vamos a llegar a la médula de lo que somos. Eso permite derrumbar todo y reconstruirnos, aceptar toda esa diversidad que somos a nivel cultural, de género e ideológico”.

Le pregunto entonces a Osvaldo cómo consiguió acercarse a un personaje que puede dinamitar nuestras propias ideas sobre sexualidad y masculinidad. Y responde con una metáfora: “A cualquier personaje que aborde no me gusta juzgarlo. Siento el juicio como un vaso y nosotros somos una plantita. El juicio hace que la plantita crezca de la forma de ese vaso. Al quitar los juicios, la plantita se va por rumbos inimaginables. Es libre”. Y eso, explica, también le ocurre a el Muñeco: “En un mundo que lo constriñe, el amor lo hace ser libre y derrumbar cualquier constructo o ideología que tenga”. La nominación para Sánchez llega entonces como consecuencia de aquel viaje: “Me siento con muchísima gratitud. Este es un gran momento para mi carrera y para el cine mexicano. Ser parte de una de estas etapas del cine mexicano me hace sentir honrado, agradecido y afortunado”.

Víctor Prieto: Veneno y la libertad 

Al otro lado de esa historia está Veneno. Víctor Prieto llegó a En el camino y ahora su trabajo lo coloca entre los nominados al Ariel como Revelación actoral. Y si hay una palabra con la que resume aquello que su personaje dejó en él, es justamente la misma que aparecía al final de la reflexión de Osvaldo: Libertad.

“El personaje me deja una enseñanza de libertad” –lo dice fuerte y convencido. Para Prieto, el reconocimiento tampoco pertenece únicamente a quienes aparecen frente a la cámara ni exclusivamente a la comunidad LGBTIQ+: “Creo que esta nominación va no solo a la comunidad, sino en general a todo México y al equipo que participó en la película. No solo la comunidad LGBTIQ+ disfrutó de la película, sino también personas y familias mexicanas”.

Hay algo particularmente interesante en la relación de Víctor con Veneno. Mientras algunos actores aseguran que cargan durante años con sus personajes, él decidió hacer exactamente lo contrario. Despedirse. “Yo me deshice de este personaje, me separé totalmente de él para iniciar mi carrera y poder interpretar otros personajes. No me clavé con este personaje; simplemente aprendí lo que es la libertad”. ¿Y qué significa esa libertad?: “Dejar fuera toda inseguridad, toda esa timidez. Salir afuera, salir al mundo y decirle al mundo quién eres, qué haces, qué quieres hacer y qué te gusta”.

Quizá por eso resulta particularmente significativo que En el camino llegue este sábado a los Ariel encabezando las nominaciones. Porque los reflectores terminaron apuntando precisamente hacia aquellos que normalmente permanecen fuera del encuadre: hacia el trailero, hacia el chichifo, hacia los hombres periféricos. 

Hacia quienes viven lejos de la representación queer hegemónica y que pocas veces reciben permiso del cine para ser protagonistas de sus propias historias. David Pablos habla de visibilidad y masculinidades; Osvaldo Sánchez, de derribar el juicio; Víctor Prieto, de libertad. Tres miradas distintas sobre una película que encontró ternura donde aparentemente sólo debía existir violencia.

Este sábado sabremos cuántos de esos 13 Arieles consigue llevarse En el camino. Pero algo ya ocurrió desde que Veneno levantó el dedo en aquella carretera y el Muñeco detuvo el tráiler. Los que estaban en el background pasaron al primer plano. Los maricas proletarios ocuparon la pantalla.