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La guerra entre Rusia y Ucrania continúa marcando la agenda internacional. Después de años de combates, ataques con drones y misiles, ciudades destruidas y millones de desplazados, los intentos de negociación conviven con una guerra que sigue activa. Pero ¿cómo llegaron dos países que formaron parte de la Unión Soviética a enfrentarse militarmente? Estas son las claves para entenderlo.
Rusia–Ucrania: El conflicto en 10 pasos FOTO: @ZelenskyyUa
La guerra entre Rusia y Ucrania continúa siendo uno de los conflictos que han marcado el escenario internacional. Después de años de combates, miles de víctimas, millones de desplazados y ciudades destruidas, la disputa territorial y las negociaciones para encontrar una salida mantienen al mundo atento. Pero ¿cómo comenzó esta guerra y por qué Rusia y Ucrania llegaron hasta este punto? Para entender el presente hay que regresar varias décadas.
Con la desaparición de la Unión Soviética, Ucrania se convierte en un Estado independiente. El nuevo país conserva profundos vínculos económicos, culturales e históricos con Rusia, pero comienza a construir una política exterior propia. Con los años surge una tensión fundamental: mantener una relación estrecha con Moscú o acercarse política y económicamente a Europa.
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Durante años, la política ucraniana oscila entre gobiernos más cercanos a Moscú y sectores que buscan una mayor integración con la Unión Europea. Al mismo tiempo, la expansión de la OTAN hacia Europa oriental genera preocupación en Rusia. Ucrania se convierte así en un punto estratégico dentro de una disputa más amplia sobre la seguridad y la influencia en Europa.
El presidente ucraniano de la época, Víktor Yanukóvich, decide suspender un acuerdo de asociación con la Unión Europea y acercarse nuevamente a Rusia. La decisión provoca las protestas conocidas como Euromaidán, que crecen durante meses y terminan con la salida de Yanukóvich. El nuevo gobierno retoma el acercamiento hacia Europa, mientras Moscú denuncia el cambio político como una amenaza para sus intereses.
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Poco después de la caída de Yanukóvich, fuerzas rusas toman el control de Crimea, territorio ucraniano estratégico por su posición en el Mar Negro y por albergar una importante base naval rusa. Tras un referéndum celebrado bajo ocupación militar, Rusia anexa la península. Ucrania y la mayoría de los países de la ONU no reconocen esa anexión.
El conflicto se extiende al Donbás, región oriental donde separatistas respaldados por Rusia toman partes de Donetsk y Lugansk, y combaten contra las fuerzas ucranianas. Los acuerdos de Minsk de 2014 y 2015 buscan detener la guerra, pero no consiguen una solución definitiva. Durante casi ocho años continúan enfrentamientos que dejan miles de muertos antes de la invasión de 2022.
Rusia concentra un gran número de soldados cerca de las fronteras ucranianas. Vladímir Putin exige, entre otras cosas, garantías de que Ucrania no ingresará en la OTAN y cuestiona el orden de seguridad surgido en Europa después de la Guerra Fría. Estados Unidos y gobiernos europeos advierten que Moscú prepara una invasión; Rusia rechaza inicialmente esas acusaciones.
Putin ordena una invasión a gran escala desde varios frentes. Las tropas rusas avanzan hacia Kiev con la expectativa de una operación rápida, pero encuentran una fuerte resistencia y posteriormente se retiran del norte. La guerra se concentra principalmente en el este y el sur, mientras Estados Unidos y países europeos incrementan el envío de armas y ayuda económica a Ucrania y aplican sanciones contra Rusia.
Ucrania logra recuperar algunos territorios, mientras Rusia mantiene el control de otras zonas y declara la anexión de cuatro regiones ucranianas, aunque no controla completamente todas ellas. La guerra evoluciona hacia un prolongado enfrentamiento de trincheras, artillería, drones y misiles. Paralelamente surgen iniciativas diplomáticas, pero permanecen profundas diferencias sobre los territorios ocupados, las garantías de seguridad para Ucrania y las condiciones exigidas por Moscú.
Más de cuatro años después de la invasión de 2022 y más de una década después del inicio del conflicto en 2014, la guerra continúa condicionando la seguridad europea y las relaciones entre Rusia y Occidente. Las negociaciones buscan una salida, pero una cuestión sigue en el centro del conflicto: qué ocurrirá con los territorios ucranianos ocupados por Rusia y qué garantías de seguridad existirán después de la guerra.
En las últimas semanas, Estados Unidos ha reactivado los esfuerzos para acercar a Rusia y Ucrania a una negociación, con visitas de enviados estadounidenses a ambos países. Sin embargo, hasta ahora no existe un acuerdo para detener la guerra y el Kremlin reconoce que las conversaciones no han producido avances sustanciales.
Al mismo tiempo, el conflicto vive una fuerte escalada aérea. Este fin de semana Ucrania lanzó más de mil drones contra territorio ruso, incluido el mayor ataque con drones registrado hasta ahora contra Moscú, según autoridades rusas. Ucrania también ha intensificado sus ataques contra refinerías e infraestructura energética rusa, buscando afectar los recursos que financian la guerra.
Rusia respondió con nuevos ataques sobre Ucrania. Este 21 de septiembre, drones rusos golpearon Zaporiyia y otras regiones, alcanzando edificios residenciales, una universidad, infraestructura y otros objetivos. Los ataques continúan pese a los esfuerzos diplomáticos.
La atención se traslada a Nueva York, donde Volodímir Zelenski y Donald Trump acordaron reunirse durante la Asamblea General de la ONU para hablar de posibles pasos hacia una salida del conflicto. Mientras la diplomacia intenta avanzar, en el campo de batalla ninguno de los dos países ha detenido sus operaciones militares