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De la Argentina de los Kirchner al Huixquilucan de los Vargas

En política, la continuidad puede ser una virtud cuando significa conservar políticas públicas que funcionan. El problema sucede cuando la continuidad deja de ser institucional y comienza a tener apellido.

De la Argentina de los Kirchner al Huixquilucan de los Vargas

De la Argentina de los Kirchner al Huixquilucan de los Vargas MAGEN: FACEBOOK DE Enrique Vargas del Villar

El panista, Enrique Vargas del Villar, ha gobernado el municipio de Huixquilucan en el Estado de México durante dos administraciones: de 2016 a 2018 y de 2019 a 2021. Después, entre 2022 y 2024, la presidencia municipal quedó en manos de su esposa, Romina Contreras, quien ahora cumple su segundo periodo que culmina en el 2027. Vargas, actual senador de la República, ahora ha hecho pública su intención de regresar a competir por la alcaldía en 2027. De concretarse y ganar la elección, Huixquilucan llegaría a cinco administraciones municipales consecutivas encabezadas por el mismo matrimonio panista: dos de Enrique Vargas, dos de Romina Contreras y una tercera eventual gestión de Vargas con posibilidad de una sexta. 

Estamos hablando de que Los Vargas van a cumplir 12 años en el poder, con la intención de que sean 18 y podrían ser hasta 24. La pregunta, entonces, trasciende los resultados de una administración: ¿cuándo termina la continuidad política y cuándo comienza una dinastía?

La historia latinoamericana conoce bien el fenómeno de los matrimonios que construyen proyectos políticos compartidos. El ejemplo más conocido quizá sea el de los Kirchner en Argentina. Néstor Kirchner ocupó la presidencia entre 2003 y 2007; al concluir su mandato, Cristina Fernández de Kirchner llegó a la Casa Rosada y gobernó durante dos períodos consecutivos, hasta 2015. Las circunstancias, los partidos y las dimensiones políticas son evidentemente distintas. La comparación no pretende equiparar gobiernos ni ideologías. Pero existe un elemento que permite formular la misma pregunta democrática: ¿qué sucede cuando el poder comienza a circular dentro de una familia?

En Huixquilucan, Vargas sostiene que la continuidad responde a resultados y respaldo ciudadano. Al anunciar sus aspiraciones para 2027, ha defendido precisamente los avances obtenidos durante estos años y el trabajo realizado junto con la actual presidenta municipal, pero ¿será que dentro del PAN no puede existir algún personaje con capacidad para continuar con esos resultados? Argumento que también debe ponerse sobre la mesa.

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Finalmente, cada una de estas administraciones ha llegado mediante elecciones y serán nuevamente los ciudadanos quienes decidan en las urnas. Pero democracia no significa únicamente ganar elecciones. También implica competencia, renovación de liderazgos y construcción de instituciones capaces de sobrevivir a quienes temporalmente las encabezan. Porque si después de Enrique viene Romina y después de Romina nuevamente Enrique, la pregunta inevitable es: ¿quién sigue después? ¿Los hijos? La interrogante puede parecer provocadora, pero adquiere relevancia cuando observamos que el fenómeno no parece limitarse a Huixquilucan.

En Atizapán de Zaragoza, otro municipio mexiquense gobernado por el PAN, Pedro Rodríguez Villegas se encuentra actualmente en su tercer periodo como presidente municipal, un hecho que el propio gobierno municipal destaca como histórico. Su esposa, Patricia Arévalo, encabeza el DIF del municipio. Y la sucesión de 2027 ya ha comenzado a generar controversia. Este septiembre se difundió un video en el que Rodríguez pidió apoyo para su esposa mientras hablaba ante beneficiarios de programas sociales. La información publicada señala que Patricia Arévalo es perfilada para buscar sucederlo en la presidencia municipal.  Así, la discusión deja de ser exclusivamente sobre dos matrimonios y amplia la situación también para el PAN, por lo que es necesario preguntar; ¿la renovación política se está dando dentro del partido o dentro de las familias de quienes gobiernan? 

No se trata de afirmar que un esposo, una esposa o un familiar carezcan, por ese solo vínculo, de capacidad para ocupar un cargo público. Tampoco de desconocer el derecho ciudadano a votar por quien considere conveniente. Se trata de algo más elemental: ¿qué tipo de democracia local queremos construir? Porque los municipios no son empresas familiares, las alcaldías no forman parte del patrimonio de quienes las gobiernan y los cargos públicos no deberían concebirse como bienes que se entregan de un integrante de la familia al siguiente.

El domingo 27 de septiembre, durante el cierre de su gira nacional de rendición de cuentas por su Segundo Informe de Gobierno, la presidenta Sheinbaum mencionó este tema en particular “A partir de 2030 ningún cargo de elección popular tendrá reelección y se prohíbe el nepotismo”. Siguiendo la línea básica que MORENA siempre ha puesto con respecto a mantener los cargos entre familias. Esto demuestra que ya es un tema rechazado hasta por el poder ejecutivo. 

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Huixquilucan tendrá la respuesta en 2027. Enrique Vargas quiere volver. Romina Contreras habrá gobernado dos periodos. Y, si el senador consigue regresar al palacio municipal, el matrimonio habrá encabezado cinco administraciones consecutivas. Después de tantos años, quizá la pregunta ya no sea solamente quién gobernará Huixquilucan. La pregunta es mucho más incómoda: ¿En qué momento la continuidad se convierte en herencia y el voto ciudadano termina eligiendo siempre entre miembros de una misma familia?

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