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Motores, conciertos, béisbol y recintos históricos conviven en una misma alcaldía que, con el paso de los años, terminó convirtiéndose en uno de los grandes corredores de entretenimiento de la CDMX.
De la F1 a los conciertos. Así se convirtió Iztacalco en la capital del entretenimiento FOTO: FB: ESTADIO GNP
El entretenimiento, deporte y música terminaron unidos por una transformación urbana que comenzó décadas atrás. En una de las alcaldías territorialmente más compactas de la Ciudad de México hoy conviven un circuito de Fórmula 1, estadios, recintos olímpicos y algunos de los escenarios que reciben los espectáculos de mayor formato de la capital. Lo que ahora parece una vocación natural tuvo un punto de partida muy distinto.
La Secretaría de Turismo capitalina describe actualmente a la alcaldía Iztacalco como un destino destacado del entretenimiento masivo y deportivo, principalmente por la concentración del Autódromo Hermanos Rodríguez, el Estadio Alfredo Harp Helú, el Palacio de los Deportes y otros espacios instalados en su territorio.
El origen de buena parte de esta concentración está en la Ciudad Deportiva Magdalena Mixhuca. El proyecto comenzó a tomar forma en 1956, cuando un decreto presidencial dio paso a su construcción sobre una extensión original de 292 hectáreas ubicadas entre Iztacalco y Venustiano Carranza. Dos años después, en 1958, el complejo fue inaugurado durante la administración del presidente Adolfo Ruiz Cortines.
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Su primera gran identidad fue deportiva. Una década después, el complejo formó parte de la infraestructura utilizada durante los Juegos Olímpicos de México 1968, pero el paso del tiempo amplió su vocación: las pistas y arenas comenzaron a compartir espacio con conciertos, festivales y espectáculos capaces de convocar a públicos completamente distintos. Ese proceso explica por qué actualmente la alcaldía se presenta institucionalmente como la “Casa de la Sal y de los Grandes Espectáculos”, una denominación que ha mantenido incluso en documentación oficial de 2026.
Uno de los pilares de este corredor es el Autódromo Hermanos Rodríguez. Inaugurado en 1959, el circuito lleva el nombre de los pilotos mexicanos Ricardo y Pedro Rodríguez y actualmente es sede del Gran Premio de México de Fórmula 1. Durante el Gran Premio de la Ciudad de México 2025, más de 400 mil personas acudieron al recinto a lo largo de tres días, de acuerdo con la Secretaría de Gobierno capitalina; la propia alcaldía Iztacalco estimó una afluencia cercana al medio millón.
El impacto rebasa las gradas y la pista. El gobierno de la Ciudad de México calculó que aquella edición dejó una derrama económica de 20 mil millones de pesos, una muestra del peso que el automovilismo tiene dentro de la oferta de espectáculos de la zona. Sin embargo, las carreras representan solo una parte de su historia reciente. Sus dimensiones y áreas abiertas permiten transformar el circuito para recibir también conciertos y festivales masivos, con escenarios, iluminación y estructuras temporales instaladas sobre distintos puntos del inmueble. Así, un espacio diseñado para escuchar motores puede convertirse, días después, en escenario musical. La relevancia de estos eventos también ha llevado a la propia Alcaldía Iztacalco a colocarlos como parte de su identidad. Durante el Gran Premio del año pasado, el gobierno de la demarcación volvió a referirse a Iztacalco como la “Casa de los Grandes Espectáculos”.
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A unos pasos aparece otro de los grandes símbolos del entretenimiento capitalino: el Estadio GNP Seguros, conocido durante décadas como Foro Sol. El recinto fue reinaugurado en agosto de 2024 después de un proceso de renovación y cuenta con capacidad para recibir hasta 65 mil asistentes, de acuerdo con el gobierno de la Ciudad de México. La intervención incluyó mejoras en infraestructura, accesibilidad, instalaciones hidráulicas y eléctricas, así como una cubierta de más de 13 mil metros cuadrados para captación de agua de lluvia.
Su historia ayuda a entender el cambio de perfil de la zona: el deporte abrió el camino, pero los grandes conciertos terminaron por convertir a Magdalena Mixhuca también en uno de los principales destinos de espectáculos de la capital. Hasta ahora, el evento con mayor afluencia registrado en el recinto es el de la cantante colombiana Shakira con su gira Las Mujeres Ya No Lloran World Tour, reuniendo un total de 780.000 personas, durante 12 fechas consecutivas. Para algunas giras de artistas internacionales, México ya no funciona como una escala más: la CDMX se ha consolidado como una plaza capaz de sostener espectáculos de dimensiones que requieren estadios, infraestructura y decenas de miles de asistentes.
El Palacio de los Deportes conserva quizá la conexión más visible entre ambas épocas. Fue concebido para los Juegos Olímpicos de 1968 y diseñado por Félix Candela, Antonio Peyrí y Enrique Castañeda Tamborrel. Su característica cubierta de cobre convirtió al inmueble en una de las siluetas arquitectónicas más reconocibles del oriente de la ciudad. El recinto nació preparado para disciplinas como boxeo, lucha, levantamiento de pesas y esgrima, además de actividades como baloncesto y voleibol. Con los años, esa función deportiva se amplió hasta convertirla también en escenario de eventos y espectáculos de gran formato.
La transformación no se quedó en los recintos históricos. En 2019 se inauguró el Estadio Alfredo Harp Helú, sede de los Diablos Rojos de México y uno de los espacios que renovaron la oferta deportiva de la zona. Su llegada agregó el béisbol a una cartelera que ya tenía automovilismo, conciertos y espectáculos. Además, el inmueble también ha recibido eventos internacionales: en 2023 fue escenario del primer partido oficial de temporada regular de las grandes ligas disputado en la Ciudad de México, entre los Padres de San Diego y los Gigantes de San Francisco.
Dentro de la Ciudad Deportiva también se encuentra el Estadio Jesús Martínez “Palillo”, inaugurado en 1964 y utilizado cuatro años después para competencias de hockey sobre pasto durante México 68. Así, Iztacalco no construyó su perfil de entretenimiento alrededor de un solo estadio ni de un evento particular. Primero llegó la infraestructura deportiva; después, los Juegos Olímpicos; más tarde, las carreras, el béisbol, los festivales y los conciertos masivos. Ese recorrido terminó por transformar una zona diseñada para la actividad física en algo mucho más amplio: un punto de la CDMX donde en cuestión de kilómetros se puede pasar del rugido de un monoplaza a un jonrón y unas horas después, a un concierto frente a decenas de miles de personas.