Te puede interesar:
Las incongruencias del discurso estadounidense sobre México
Mundo
El pasado 14 de agosto falleció la artista Yayoi Kusama en el hospital psiquiátrico de Tokio, en el que residió voluntariamente desde marzo de 1977 y en donde originó la mayoría de su obra durante casi cinco décadas. No obstante, por respeto al luto de la familia, la noticia no fue difundida sino hasta el […]
Yayoi Kusama, la artista del infinito
El pasado 14 de agosto falleció la artista Yayoi Kusama en el hospital psiquiátrico de Tokio, en el que residió voluntariamente desde marzo de 1977 y en donde originó la mayoría de su obra durante casi cinco décadas. No obstante, por respeto al luto de la familia, la noticia no fue difundida sino hasta el miércoles 26 del mismo mes.
Combatir los efectos de guerras externas e internas a través de la expresión artística, fue el cimiento para un legado que, en un horizonte infinito de puntos y colores, germinó en manos de Kusama, una de las máximas exponentes del arte contemporáneo alrededor del mundo. No obstante, si bien aquellos polka-dots, sello de su identidad como artista, fueron los que la colocaron bajo los reflectores, sus aportaciones trascienden el arte visual, posicionándose como una referente en la cultura pop, además de consolidarse como una de las pioneras en transformar la manera en que las personas interactúan y se relacionan con las exposiciones artísticas.
Gracias a la concepción de las Salas de espejos infinitos, la artista japonesa marcó un hito en la escena del arte al posicionarse como una de las pioneras de las exposiciones inmersivas que han deleitado a millones de ojos desde Tokio y Londres hasta Nueva York y Ciudad de México. Colores vibrantes, luces, galerías enormes que a través de los reflejos dibujaban horizontes imposibles de alcanzar para las manos, pero que quedaron grabados en el infinito en las pupilas.
De este modo, el arte de Kusama comenzó a dibujar nuevas aristas en las que el espectador dejaba su acostumbrado rol pasivo al internarse en una exhibición artística. Su hipnótico mundo invitaba al movimiento, a explorar un infinito que la artista emprendió desde los primeros pasos en su trayectoria profesional, retratando el concepto de la repetición hasta lo indivisible. Un universo que, paradójicamente, emergió de una lucha interna marcada por fuertes alucinaciones en las que los puntos y ráfagas luminosas que la asediaron desde su infancia, derivadas de abusos, se sumaron a un trastorno obsesivo-compulsivo del que logró liberarse gracias al arte.
Te puede interesar:
Las incongruencias del discurso estadounidense sobre México
La singularidad de su obra generó gran influencia no sólo para otros artistas visuales contemporáneos como Andy Warhol; el infinito de su trabajo llegó a las fronteras de todas las ramas de la expresión humana. En la arquitectura con Philip Johnson, una de las figuras más influyentes en este rubro, en el proyecto de la “Glass House”; Peter Gabriel, la célebre estrella de la música británica, colaboró directamente con Kusama en los 90 haciéndola parte de uno de sus clips más memorables en el sencillo Love Town. Incluso Hollywood ha portado la esencia de la japonesa a través de la moda y el diseño textil. Tilda Swinton y George Clooney, son dos de las figuras más famosas en encarnar los polka-dots de la artista del infinito.
Tras su deceso, el mundo del arte se ha sumado íntegro para rendir homenaje a Kusama quien permanecerá en espíritu a través de cada homenaje y de su propio recinto cultural, el Yayoi Kusama Museum de Tokio, donde se resguarda una vasta colección de su trabajo pictórico, escultórico y el vivo recuerdo de sus inolvidables instalaciones inmersivas.
EMILIANO RUIZ