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Seguridad
Dos ataques escolares en menos de 48 horas encienden la alerta en México. ¿Consumo excesivo de redes sociales? ¿Imitación? ¿Fácil acceso a armas?
Octubre comenzó con una escena que durante décadas México ha observado con mayor frecuencia como noticias que llegan del otro lado de la frontera: jóvenes ingresando a una escuela para atacar a quienes encuentran a su paso, aparentemente inspirados por autores de otras agresiones. Esta vez ocurrió en Torreón, Coahuila.
Dos hermanos gemelos de 18 años, exalumnos de la Secundaria General número 13 del ejido La Unión, ingresaron la mañana del 1 de octubre al plantel con machetes, armas blancas y petardos. La agresión dejó muerta a la subdirectora Nery Edith Nevárez González, de 56 años, además de cuatro personas lesionadas. Los primeros reportes provocaron confusión sobre una posible balacera. Sin embargo, la fiscalía de Coahuila descartó posteriormente el uso de armas de fuego y explosivos; las detonaciones que se escucharon correspondieron a petardos.
De acuerdo con las investigaciones, los hermanos ingresaron alrededor de las 8:30 de la mañana. Una vez dentro, comenzaron las amenazas y las explosiones de petardos. Después atacaron con machetes a integrantes de la comunidad escolar. En medio de la agresión, estudiantes se encerraron en los salones y colocaron pupitres contra las puertas, mientras profesores y habitantes de la zona intentaron detener a los atacantes. Los dos jóvenes fueron finalmente sometidos y entregados a las autoridades. Uno de los lesionados de mayor gravedad es un estudiante menor de edad. También resultaron heridos docentes y otras personas que se encontraban en el lugar.
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Pero detrás del ataque apareció una línea de investigación todavía más inquietante. El fiscal general de Coahuila, Federico Fernández Montañez, aseguró que hasta ahora no existen elementos para considerar que los hermanos buscaban a una víctima específica. Según las primeras declaraciones de los detenidos, eligieron el plantel porque habían estudiado ahí y se encontraba cerca de su domicilio. La investigación apunta, en cambio, hacia la influencia de autores de ataques similares cometidos en otros países.
Fernández reveló que entre las pertenencias y referencias de los jóvenes encontraron material relacionado con personas que anteriormente habían perpetrado agresiones contra escuelas y universidades. Cuando se le preguntó expresamente si pretendían reproducir hechos ocurridos en Estados Unidos, respondió que la hipótesis era “imitar y pertenecer”.
Los ataques escolares masivos han tenido en Estados Unidos su expresión internacional más visible y, aunque sucesos de esta naturaleza siguen siendo mucho menos frecuentes en México, el país ya ha registrado antecedentes graves, incluidos el tiroteo ocurrido también en Torreón en 2020 y el ataque de 2017 en Monterrey. Ahora el riesgo no necesariamente cruza la frontera dentro de una mochila: también puede hacerlo a través de una pantalla.
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Lo ocurrido en Coahuila no llegó solo. Apenas el 30 de septiembre, en Querétaro, otro alumno atacó con un cuchillo dentro de la Secundaria Esperanza Cabrera, en la capital del estado. La agresión dejó a tres trabajadores y un estudiante hospitalizados. De acuerdo con autoridades estatales, los trabajadores evolucionaban favorablemente y podrían recibir el alta en los siguientes días.
Hasta ahora, las autoridades han señalado que no existen elementos para afirmar que el ataque estuviera relacionado con algún reto difundido en redes sociales. Pero la cercanía entre ambos hechos (Querétaro el 30 de septiembre y Torreón el 1 de octubre) obliga a mirar el fenómeno con mayor atención: dos ataques con armas blancas dentro de escuelas mexicanas en cuestión de horas.
Tras lo ocurrido, el gobierno de Claudia Sheinbaum anunció que prepara un grupo de trabajo para establecer nuevas obligaciones a las plataformas digitales y obligarlas a detectar, reportar y retirar contenidos que inciten directamente a la violencia. El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, informó además que se reforzará la vigilancia sobre contenidos relacionados con extremismo violento y que se revisarán mecanismos de verificación de edad para el acceso de menores a redes sociales.
Sin embargo, no se trata de una discusión que haya comenzado con Torreón. Desde meses atrás, el gobierno federal analizaba medidas para reducir los riesgos que enfrentan niñas, niños y adolescentes en las plataformas digitales. La administración federal incluso había planteado presentar una propuesta de regulación y fortalecer programas como el ABC de las emociones en escuelas. El secretario de Educación, Mario Delgado, ha señalado que la estrategia busca que estudiantes reconozcan y expresen problemas emocionales, al tiempo que madres, padres y tutores tengan mayor participación en el uso de redes sociales de menores.
Pese a que el ataque en Torreón no fue cometido con armas de fuego y hasta ahora ninguna autoridad ha relacionado directamente el caso con el tráfico de armamento desde Estados Unidos. El episodio vuelve inevitable otra pregunta, cuando se habla de replicar patrones de violencia nacidos o popularizados al norte de la frontera: ¿qué tan preparado está México para impedir que, además de las ideas, circulen las armas provenientes de los Estados Unidos?
Los datos más recientes de la propia Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos de Estados Unidos (ATF) muestran que durante 2025 fueron enviadas para rastreo 32 mil 144 armas recuperadas en México. De ellas, 22 mil 817, el 71%, fueron determinadas como provenientes de Estados Unidos, ya fuera porque fueron fabricadas ahí o porque fueron importadas legalmente a ese país antes de terminar en territorio mexicano.
El gobierno mexicano maneja una proporción todavía mayor de las armas aseguradas dentro de su estrategia de seguridad. Para septiembre, el Gabinete de Seguridad reportó 32 mil 800 armas aseguradas desde octubre de 2024. Mientras tanto, la presidenta ha insistido ante Washington en que la cooperación en seguridad no puede limitarse a exigir a México que frene las drogas que avanzan hacia el norte: Estados Unidos también debe impedir que las armas avancen hacia el sur.
Aunque lo ocurrido en la Secundaria 13 no puede explicarse únicamente por las redes sociales, ni puede adjudicarse al tráfico de armas estadounidenses –dado que en este ataque no hubo ni una pistola ni un rifle– sí deja señales que México difícilmente puede ignorar, entre ellas la nula cultura digital en la que los jóvenes pueden acceder desde cualquier teléfono a comunidades, personajes y contenidos que glorifican ataques cometidos a miles de kilómetros de distancia.