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“O algo de fierro viejo que venda”, la resistencia del oficio más popular de la CDMX

Para muchos capitalinos es ya parte del ruido de fondo cotidiano. Para otros, una interrupción en plena videollamada o ¿por qué no? el despertador de otros.  Antes de verlo, ya sabes que viene. Una camioneta avanza lentamente por las colonias de la capital del país y desde una bocin, aparece esa voz imposible de confundir: “se compran, colchones, tambores, refrigeradores, estufas, lavadoras, microondas… o algo de fierro viejo que vendan”. Este es quizá el oficio más popular y emblemático de la Ciudad de México.  Para muchos capitalinos es ya parte del ruido de fondo cotidiano.…

“O algo de fierro viejo que venda”, la resistencia del oficio más popular de la CDMX

“O algo de fierro viejo que venda”, la resistencia del oficio más popular de la CDMX

Para muchos capitalinos es ya parte del ruido de fondo cotidiano. Para otros, una interrupción en plena videollamada o ¿por qué no? el despertador de otros. 

Antes de verlo, ya sabes que viene. Una camioneta avanza lentamente por las colonias de la capital del país y desde una bocin, aparece esa voz imposible de confundir: “se compran, colchones, tambores, refrigeradores, estufas, lavadoras, microondas… o algo de fierro viejo que vendan”. Este es quizá el oficio más popular y emblemático de la Ciudad de México. 

Para muchos capitalinos es ya parte del ruido de fondo cotidiano. Para otros, una interrupción en plena videollamada o ¿por qué no? el despertador de otros. Para quienes recorren las calles comprando chatarra y electrodomésticos usados, es algo mucho más básico: una herramienta de trabajo.  Detrás de uno de los sonidos más reconocibles de la Ciudad de México existe un oficio que lleva años recorriendo barrios, colonias y periferias: el de los recolectores o compradores de fierro viejo, quienes adquieren objetos que dejaron de ser útiles para una familia y buscan darles una segunda salida mediante su reutilización, desarme o venta como material.  

Y aunque la ciudad ha cambiado alrededor de ellos, su anuncio prácticamente no lo ha hecho. La voz no salió de una agencia de publicidad ni fue creada como una campaña comercial. Pertenece a María del Mar Terrón, quien siendo niña grabó el anuncio para ayudar a su padre, Marco Antonio Terrón, en el negocio familiar dedicado a comprar fierro y aparatos usados. La grabación surgió en Chimalhuacán, Estado de México y comenzó a reproducirse durante los recorridos de su padre. Con el tiempo, otros compradores de chatarra obtuvieron copias hasta que aquella grabación doméstica terminó extendiéndose por la Ciudad de México y otros puntos del país.  

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Más de dos décadas después, María del Mar dejó de ser aquella niña, pero su voz infantil continúa recorriendo las calles; la grabación sobrevivió al casete, a los cambios tecnológicos y hasta a la llegada de las redes sociales. El resultado es curioso: una familia creó sin proponérselo parte del paisaje sonoro de la capital.  

Y eso no es poca cosa. Especialistas de la UNAM han señalado que una ciudad también puede reconocerse por lo que se escucha en ella: vehículos, voces, vendedores, mercados, música y pregones forman parte de sus paisajes acústicos. Los pregoneros, de hecho, han acompañado históricamente la vida cotidiana de México.  

El oficio detrás de la bocina 

Pero mientras el audio alcanzó fama, el trabajo continúa ocurriendo a nivel de calle. Los recolectores recorren colonias buscando refrigeradores, lavadoras, estufas, metales, tambores y otros objetos que sus propietarios ya no necesitan. Para el vecino representa deshacerse de un aparato voluminoso; para el comprador comienza otro proceso: valorar qué puede aprovecharse, transportarlo y encontrar posteriormente dónde venderlo o reutilizarlo.   

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Pese a que el pregón dura segundos; la jornada puede ocupar horas entre recorridos, carga, descarga y búsqueda de materiales. Ahí está la parte del oficio que nunca vemos. Incluso la historia de María del Mar muestra esa diferencia entre la fama del sonido y las condiciones de quienes viven del oficio. Cuando EL PAÍS la entrevistó en 2016, relató que su situación económica no había cambiado al mismo ritmo que la popularidad de su voz y que su familia había enfrentado dificultades para mantenerse en el negocio. Es quizá una de las contradicciones más interesantes de esta historia: la grabación se volvió famosa; el oficio siguió siendo de calle. 

Cuando el fierro viejo comenzó a hablar en inglés  

Años después, el famoso pregón encontró una nueva vida en redes sociales. Desde al menos 2022 comenzaron a viralizarse parodias y traducciones al inglés del “fierro viejo”, rápidamente relacionadas por usuarios con el debate sobre la gentrificación en la Ciudad de México. La polémica creció todavía más en 2023, cuando circuló un video en el que aparentemente una camioneta reproducía el anuncio en inglés mientras recorría calles de la capital. Sin embargo, medios como N+ e Infobae documentaron posteriormente que el audio había sido añadido como parte de una broma y no probaba que los recolectores hubieran modificado realmente su pregón para atender a residentes extranjeros.  

Eso no impidió que la escena detonara bromas, críticas y comentarios sobre la gentrificación. Y quizá ahí está lo más interesante: no fue necesario que el “fierro viejo” realmente cambiara de idioma para que miles de personas entendieran la referencia. Bastó escuchar el pregón en inglés para asociarlo con una discusión que ya atravesaba a la capital.