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Gobierno
Los jaliscienses salieron a exigir agua para sus hogares, pero la recibieron de una forma que nadie esperaba: con un regaderazo a cuenta del gobernador.
¡Sus deseos son órdenes! O al menos eso pareciera en Guadalajara, donde los ciudadanos llevaban meses exigiendo agua limpia y este domingo 11 de octubre finalmente les llegó… pero a presión, en plena calle y cortesía de los antimotines. Porque mientras habitantes de cientos de colonias continúan denunciando agua turbia y maloliente en sus hogares, durante una manifestación frente a Casa Jalisco no faltaron chorros de agua para dispersar a quienes exigían una solución al gobierno de Pablo Lemus Navarro.
La protesta comenzó en la glorieta de La Minerva, donde miles de jaliscienses se reunieron para reclamar un derecho tan elemental como abrir la llave y recibir agua en condiciones adecuadas. El contingente avanzó hacia Casa Jalisco, residencia oficial del gobernador, bajo consignas contra la mala calidad del suministro. El problema no es menor: habitantes de más de 300 colonias han denunciado agua con mal olor, sedimentos y una apariencia que difícilmente inspira confianza para cubrir sus necesidades básicas o realizar las actividades cotidianas.
Y como si se tratara de una broma de pésimo gusto, el agua que tantos ciudadanos reclamaban apareció cuando la protesta llegó a las inmediaciones de Casa Jalisco. Algunos participantes comenzaron a derribar las vallas de seguridad y se registró el lanzamiento de objetos contra los policías. En medio de los enfrentamientos, los antimotines utilizaron chorros de agua a presión y gas lacrimógeno para dispersar a los manifestantes. La jornada terminó con personas lesionadas, detenciones y cuestionamientos sobre el uso de la fuerza pública.
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Vaya manera de atender una solicitud ciudadana: agua para contener manifestantes sí hubo; agua de calidad para las viviendas todavía es una exigencia pendiente. La ironía podría prestarse para la comedia si no fuera porque detrás de ella existen familias preocupadas por su salud y ciudadanos que terminaron enfrentándose a la fuerza pública. ¿Hasta dónde puede llegar una autoridad para contener una manifestación? Una acción que abre un cuestionamiento sobre la proporcionalidad del operativo y el respeto al derecho a la protesta.
El saldo de la manifestación añadió otra preocupación a la crisis hídrica. Se habla de varias personas detenidas y otras heridas. También se reportaron afectaciones a representantes de medios de comunicación. Los enfrentamientos y las denuncias sobre la actuación policial plantean la necesidad de esclarecer lo ocurrido, revisar la legalidad de las detenciones y determinar si las medidas de contención fueron proporcionales.
Mientras tanto, la administración de Pablo Lemus ha reconocido problemas en el sistema de abastecimiento y anunciado medidas para mejorar la calidad del agua, incluida la sustitución de infraestructura deteriorada. Sin embargo, al momento de la protesta, las dificultades en el suministro continuaban afectando a numerosas familias.
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Ante todo esto, es esencial recordar que los ciudadanos no salieron a exigir un lujo ni un privilegio, sino un derecho. Ahora, además de respuestas sobre la contaminación, también corresponde esclarecer las circunstancias del operativo policial del domingo.
Dicen que hay que tener cuidado con lo que uno desea. En Guadalajara, miles de personas pidieron agua limpia y terminaron recibiendo chorros de los antimotines. La calidad de aquella agua no está acreditada, pero la contradicción sí; para las casas siguen pendientes las soluciones; para contener la protesta, el recurso llegó de inmediato.