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Hay hombres que ocupan cargos públicos y otros que ayudan a transformar la historia de un país. Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano perteneció a una generación que se atrevió a desafiar las reglas del poder, cuando la alternancia política parecía una posibilidad lejana.
Foto: Wikimedia Commons
El ingeniero no llegó a la Presidencia de la República, pero su lucha contribuyó a abrir las puertas de la democracia mexicana. Su legado también quedó en la defensa de la soberanía nacional, en las causas de los sectores más vulnerables y en los primeros pasos institucionales hacia una ciudad con mayores derechos para las mujeres.
El histórico dirigente de la izquierda mexicana falleció este 28 de octubre de 2026, a los 92 años. Su partida marca el final de una trayectoria que atravesó distintas etapas de la vida política nacional, desde el dominio del PRI hasta el surgimiento de nuevas fuerzas de oposición. Tres veces candidato presidencial, exgobernador de Michoacán y primer jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal elegido mediante el voto popular, Cárdenas deja una historia que no puede contarse únicamente a través de sus triunfos electorales.
Cuauhtémoc Cárdenas nació el 1 de mayo de 1934, en la Ciudad de México. Fue hijo del general Lázaro Cárdenas del Río y de Amalia Solórzano Bravo. Apenas unos meses después de su nacimiento, su padre asumió la Presidencia de México y la familia se instaló en Los Pinos, donde Cuauhtémoc pasó sus primeros años. Creció cerca de las decisiones del poder, en una época marcada por la reforma agraria, la organización de los trabajadores y la expropiación petrolera de 1938.
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Sin embargo, su historia no se redujo al apellido que heredó. Estudió Ingeniería Civil en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y participó en proyectos de desarrollo regional, entre ellos obras relacionadas con la cuenca del río Balsas. En 1976 llegó al Senado de la República y en 1980 asumió la gubernatura de Michoacán bajo las siglas del PRI. Fue desde ese partido donde comenzó a cuestionar las prácticas de concentración del poder y la falta de apertura para elegir a sus dirigentes.
En 1986 participó en la formación de la Corriente Democrática, junto con figuras como Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez. Aquella inconformidad terminó en una ruptura con el PRI que modificaría el rumbo de la política mexicana. Cárdenas dejó atrás la estructura partidista en la que había construido buena parte de su trayectoria para encabezar una alternativa que reunió a distintas corrientes de izquierda. Su decisión no fue solamente un cambio de partido: representó el desafío de disputar el poder mediante una competencia política más abierta.
La elección presidencial del 6 de julio de 1988 se convirtió en uno de los episodios más controvertidos de la historia democrática del país. Cuauhtémoc Cárdenas encabezó el Frente Democrático Nacional, una coalición que reunió organizaciones sociales y fuerzas políticas que hasta entonces habían seguido caminos distintos. Aquella candidatura consiguió despertar expectativas de cambio en un país acostumbrado a la permanencia del mismo partido en la Presidencia.
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La llamada caída del sistema, que interrumpió la difusión de los resultados electorales, desató cuestionamientos sobre la transparencia de los comicios. Las autoridades declararon ganador a Carlos Salinas de Gortari, mientras el movimiento cardenista denunció irregularidades y exigió respeto al voto. Cárdenas no llegó a Los Pinos, pero el país había presenciado una movilización opositora de una magnitud que evidenció el desgaste del sistema de partido hegemónico.
De aquella lucha nació, el 5 de mayo de 1989, el Partido de la Revolución Democrática (PRD), construido mediante la convergencia de distintas fuerzas de izquierda y dirigentes como Ifigenia Martínez, Heberto Castillo y Porfirio Muñoz Ledo. Cárdenas fue su primer presidente nacional. La organización se convirtió en un espacio de participación para quienes buscaban elecciones competitivas, representación política y mayores derechos sociales. Su aportación resultó fundamental para una apertura democrática que continuaría durante las siguientes décadas.
Su visión también se expresó en la manera de entender el servicio público. En 1997, Cuauhtémoc Cárdenas se convirtió en el primer jefe de Gobierno del Distrito Federal elegido directamente por la ciudadanía, después de décadas en las que las autoridades capitalinas eran designadas desde la Presidencia. Su victoria no solo representó un cambio de administración, sino el inicio de una nueva etapa para la participación política de los habitantes de la capital.
Las mujeres ocuparon un lugar importante en sus compromisos de campaña. Cárdenas firmó acuerdos con organizaciones que exigían igualdad de oportunidades, acceso a la salud, mejores condiciones laborales y atención a la violencia familiar. También planteó ampliar las guarderías, impulsar la capacitación de madres trabajadoras, combatir el acoso sexual y promover reformas contra los exámenes de embarazo utilizados como requisito para obtener empleo. En una época en la que esas demandas todavía enfrentaban fuertes resistencias, incorporarlas a la agenda de gobierno representaba un avance político.
Su administración llevó parte de aquellos compromisos a acciones concretas. En 1998 nació el Programa para la Participación Equitativa de la Mujer (PROMUJER), mientras comenzaron a instalarse Centros Integrales de Apoyo a la Mujer. Para 1999, las 16 delegaciones capitalinas contaban con estos espacios destinados a ofrecer orientación, acompañamiento y servicios a las mujeres. Ese mismo año se creó el Instituto de la Mujer del Distrito Federal, antecedente de las instituciones capitalinas dedicadas a promover la igualdad.
El ingeniero también sostuvo encuentros con organizaciones feministas que impulsaban el reconocimiento de los derechos reproductivos. En mayo de 1997, durante su campaña, asumió el compromiso de abrir una discusión pública sobre las leyes que regulaban el aborto en la capital. Aunque la reforma no se concretó durante su administración, aquel diálogo formó parte de un proceso político y social que continuó con la llamada Ley Robles, impulsada en 2000 por Rosario Robles, y con la despenalización de la interrupción del embarazo hasta las 12 semanas de gestación, aprobada en 2007.
Su relación con estas causas no significa que todas las demandas feministas se resolvieran durante su gobierno. Fueron las propias organizaciones de mujeres las que sostuvieron las exigencias, presionaron por resultados y protagonizaron los cambios posteriores. El aporte de Cárdenas estuvo en reconocer públicamente esas reivindicaciones, establecer compromisos institucionales y abrir espacios para que formaran parte de la agenda política de la capital.
La defensa de los recursos estratégicos de México fue otra de sus convicciones más constantes. Cárdenas sostuvo que el petróleo y la energía debían contribuir al desarrollo nacional, al fortalecimiento de la industria y al bienestar colectivo. Esa posición lo llevó a participar en debates sobre el futuro de Petróleos Mexicanos y a cuestionar propuestas que, desde su perspectiva, ponían en riesgo el control público sobre recursos fundamentales para el país.
Su interés también trascendió las fronteras mexicanas. Desde 1961 participó en la Conferencia Latinoamericana por la Soberanía Nacional, la Emancipación Económica y la Paz, un espacio de encuentro entre movimientos y representantes de distintos países. Más adelante defendió la cooperación regional y una mayor integración latinoamericana. En 2003 fue elegido vicepresidente de la Internacional Socialista, reflejo de una trayectoria política que mantuvo vínculos con movimientos progresistas de otras naciones.
Esa preocupación por el futuro energético de México permaneció vigente hasta sus últimos meses de vida. En abril de 2026 asumió la presidencia honoraria de la Comisión Consultiva del Petróleo de PEMEX, un órgano orientado al análisis estratégico del sector. Allí planteó la necesidad de pensar en el desarrollo energético de largo plazo, modernizar la industria y avanzar hacia una empresa capaz de responder también a los desafíos del cambio climático. A los 91 años, el ingeniero continuaba participando en una de las discusiones que habían acompañado toda su vida pública.
Cuauhtémoc Cárdenas fue un protagonista de la transición democrática mexicana, pero también un político cuya trayectoria estuvo ligada a las demandas de trabajadores, comunidades indígenas, mujeres y personas que enfrentaban condiciones de desigualdad. En su toma de posesión como jefe de Gobierno, en diciembre de 1997, habló de una administración sensible ante las carencias y el dolor de la población. Para él, el bienestar colectivo debía construirse atendiendo también las necesidades individuales de quienes históricamente habían sido relegados.
Su biografía contiene triunfos, derrotas, compromisos cumplidos y transformaciones que necesitaron más de una generación para hacerse realidad. No todas sus propuestas prosperaron y no todas las causas que acompañó alcanzaron sus objetivos durante su gestión. Sin embargo, su contribución a la pluralidad política y a la construcción de nuevas instituciones permanece como parte de la historia contemporánea del país.
Cuauhtémoc Cárdenas creció en Los Pinos y pasó buena parte de su vida intentando transformar el sistema político que había conocido desde niño. Nunca regresó a aquella residencia como presidente de México. Su victoria fue distinta: contribuyó a que millones de mexicanos pudieran imaginar que el poder podía cambiar de manos.
El ingeniero se fue, pero queda una historia que trasciende las urnas, los partidos y los cargos públicos. Una historia que recuerda que la democracia no se construye en una sola elección y que los derechos no aparecen por sí solos: detrás de cada avance hay personas que se organizan, exigen, resisten y abren camino para quienes vienen después.