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El reto de hacer florecer a los mercado capitalinos

“Mercados que Florecen: Rehabilitación y Mantenimiento Mercados Públicos”, uno de los programas con los que el gobierno de Clara Brugada busca transformar los mercados públicos de la Ciudad de México.

Mercados que ¿florecen? Inversiones, rehabilitación y dudas sobre el programa de Clara Brugada

Mercados que ¿florecen? Inversiones, rehabilitación y dudas sobre el programa de Clara Brugada FOTO: @Revolucion3_0

Renovar instalaciones eléctricas, reparar redes hidráulicas y de gas, reducir riesgos de incendio y hasta captar agua de lluvia son parte de los objetivos de “Mercados que Florecen: Rehabilitación y Mantenimiento Mercados Públicos”, uno de los programas con los que el gobierno de Clara Brugada busca transformar los mercados públicos de la Ciudad de México. La apuesta busca resolver un problema que durante años ha acompañado a los centros de abasto: instalaciones en deterioro que implican riesgos para comerciantes y consumidores. Todo un reto.

El programa fue presentado en octubre de 2025, con una inversión inicial de 240 millones de pesos para la intervención de 80 mercados públicos, donde el presupuesto se destinaría principalmente en instalaciones eléctricas, hidráulicas, sanitarias, de gas y sistemas contra incendios. A ello se agregaron acciones complementarias hasta alcanzar un anuncio global de 340 millones de pesos para 102 mercados. 

Primero la seguridad, después la imagen 

Uno de los puntos más fuertes y originales del programa “Mercados que Florecen” es que, al menos en su planteamiento, el dinero no está concentrado únicamente en pintura, fachadas o remodelaciones estéticas, como siempre había sido la costumbre. La propia jefa de gobierno declaró la importancia de anteponer seguridad a estética: “Antes que ponerlos bonitos, ¿qué queremos? Que estén seguros. Antes de cambiar la imagen, necesitamos que los mercados estén seguros. Las prioridades para las obras que vamos a emprender, tienen que ver con los riesgos, con atajar los riesgos” remarcó la mandataria. 

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Por ello, tras un diagnóstico elaborado por las secretarías de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil, y de Desarrollo Económico, se colocaron entre las prioridades las instalaciones eléctricas, hidráulicas, sanitarias y de gas. La acción no es menor. Los mercados capitalinos arrastran antecedentes de incendios como el registrado en La Merced en diciembre de 2019 y los ocurridos en San Cosme y Abelardo L. Rodríguez en enero de 2020, hechos que impulsaron una estrategia de revisión de riesgos en estos centros de abasto. A lo anterior se sumaron 20 sistemas de captación de agua de lluvia con una inversión superior a los 20 millones de pesos, además de trabajos específicos en La Merced y la Central de Abasto. 

En agosto de este año se reportó la entrega de la renovación de la instalación eléctrica de la nave menor de La Merced, con una inversión final informada de 40 millones de pesos, intervención enfocada precisamente en reducir riesgos para comerciantes y visitantes. El impacto potencial tampoco es pequeño. El propio gobierno capitalino calcula que los alrededor de 340 mercados públicos de la ciudad sostienen unos 250 mil empleos, por lo que mantenerlos funcionales y seguros tiene una dimensión económica además de urbana. 

Pero 80 mercados no son toda la Ciudad de México 

La intervención directa anunciada bajo “Mercados que Florecen” comenzó con 80 mercados, mientras que el Gobierno reconoce alrededor de 340 centros de abasto públicos en la capital. Incluso contando las acciones complementarias anunciadas para llegar a 102 mercados, la primera estrategia no alcanza la mayoría de estos espacios. El gobierno de Brugada ha señalado que las 16 alcaldías deberán intervenir en otros mercados con recursos y obras propias, una coordinación que puede ampliar la cobertura, pero que también abre una pregunta relevante: ¿todos los mercados recibirán el mismo nivel de atención independientemente de la capacidad presupuestal de cada alcaldía? No se trata de afirmar que habrá desigualdad, sino de un punto que tendrá que medirse conforme avance el programa, pues el modelo reparte responsabilidades entre el gobierno central y las demarcaciones. 

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Falta la medición de mercado por mercado 

Otro pendiente será cómo evaluar los resultados. La administración anunció cifras generales (240 millones para 80 mercados y un conjunto de acciones por 340 millones para 102), pero para hacer que “Mercados que Florecen” funcione no bastará con contabilizar centros de abasto incluidos. Será necesario conocer cuánto recibió cada mercado, qué problema tenía originalmente, qué obra se realizó, cuánto costó, cuándo se terminó y si el riesgo identificado quedó efectivamente corregido. En el Congreso capitalino también se han presentado propuestas para reforzar la transparencia de la obra pública, mediante la publicación de contratos, montos ejercidos y avances físicos y financieros, elementos que permitirían dar seguimiento al uso de los recursos. 

El reto: que los mercados florezcan del todo 

El programa tiene a su favor que interviene en problemas concretos y potencialmente peligrosos. Cambiar una instalación eléctrica deteriorada o una red de gas no es una obra ornamental: puede prevenir accidentes y proteger el patrimonio de decenas de familias. El reto para Clara Brugada será demostrar que “Mercados que Florecen” no termina con cortar un listón y entregar una remodelación.

Los propios planes del gobierno capitalino reconocen que los mercados también requieren regularización de locatarios, digitalización de trámites, seguridad, protección civil e incentivos al consumo local; de hecho, esas acciones forman parte de una política más amplia anunciada desde febrero de 2025. Por ello, se pone sobre la mesa el debate de si la evaluación debería ir más allá de cuántos mercados fueron intervenidos: ¿aumentaron sus ventas?, ¿disminuyeron los riesgos?, ¿las obras siguen funcionando meses después?, ¿los comerciantes quedaron satisfechos?, ¿todos los mercados tuvieron oportunidades similares de acceder al presupuesto? Esta será la diferencia entre un programa que simplemente remodele mercados y uno que realmente consiga que, como promete su nombre, vuelvan a florecer. 

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