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La historia de cómo una empresa que enviaba DVDs en sobres cambió nuestra manera de ver televisión.
Netflix, la transformación del entretenimiento. FOTO: PEXELS
Hubo un tiempo en que ver una película en casa significaba ir al videoclub, caminar entre estantes, elegir un título, rentarlo y recordar devolverlo a tiempo para evitar recargos. Y si tu película era de las favoritas quizá tendrias que estar en lista de espera para poder verla.
Lo que ahora es lo cotidiano, Netflix, nació precisamente en ese mundo. La empresa fue fundada en California en 1997 por Reed Hastings y Marc Randolph, y comenzó operaciones en 1998 con un modelo que hoy parece pertenecer a otra época: los usuarios seleccionaban películas a través de internet y recibían los DVD por correo. No existían en aquel entonces palabras como: streaming, maratón o contenido bajo demanda, se incorporaran a nuestra vida cotidiana cuando Netflix comenzaría a cambiarlo todo.
Uno de los momentos decisivos llegó cuando la compañía desarrolló un sistema de suscripción que permitía a sus clientes recibir DVDs sin depender exclusivamente del esquema tradicional de renta por título. Sin embargo, la verdadera revolución ocurrió en 2007. Netflix comenzó a ofrecer la posibilidad de reproducir películas y programas directamente a través de internet. Ya no había que esperar a que llegara un disco ni salir de casa para conseguir una película. Teniamos la elección del contenido directamente desde la pantalla. La velocidad de las conexiones a internet mejoró, aparecieron televisores inteligentes, teléfonos y tabletas cada vez más sofisticados y el streaming encontró las condiciones necesarias para crecer, definitivamente Netflix estuvo en el lugar correcto en el momento correcto.
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Durante tantos años la televisión acostumbró a las audiencias a sus horarios. Un programa se transmitía determinado día y a determinada hora. Si el espectador no estaba frente al televisor, podía perderlo. Claro que siempre podías pedirle a un amigo que te grabara a Chabelo en un VHS. El streaming lo revolucionó todo, ahora era el contenido era el que esperaba al espectador.
Netflix también popularizó una práctica que modificaría profundamente el consumo de series: poner a disposición temporadas completas para que cada usuario decidiera cuántos episodios quería ver y cuándo hacerlo. Así se consolidó el llamado binge-watching: pasar horas frente a la pantalla viendo un episodio tras otro. La pregunta dejó de ser “¿a qué hora empieza?” y comenzó a ser “¿cuántos capítulos llevas?”.
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El siguiente paso fue todavía más ambicioso. Netflix entendió que no bastaba con distribuir las películas y series de otros estudios. También podía producir las propias.
En 2013, House of Cards se convirtió en uno de los grandes símbolos de esa transformación. Ese mismo periodo trajo producciones como Orange is the New Black, que ayudaron a posicionar a Netflix como un competidor directo de cadenas de televisión y estudios tradicionales. Después llegarían fenómenos globales como Stranger Things, The Crown, La casa de papel, Bridgerton, Wednesday y Squid Game. Una plataforma tecnológica se había convertido también en un gigantesco estudio audiovisual.
Otro cambio importante ocurrió cuando la plataforma apostó por producciones realizadas fuera de Estados Unidos. Historias provenientes de España, Corea del Sur, Alemania, México y numerosos países demostraron que una producción local también podía convertirse en un fenómeno mundial.
La casa de papel, producida originalmente en España, encontró una audiencia internacional gigantesca. Años después, la producción surcoreana Squid Game confirmó que las barreras del idioma podían reducirse cuando una plataforma era capaz de colocar simultáneamente una historia frente a espectadores de prácticamente todo el planeta.
México también se convirtió en un mercado importante para la producción de contenido en español, con series y películas creadas para audiencias nacionales, pero con capacidad de viajar internacionalmente.
El éxito del modelo produjo una consecuencia inevitable: todos quisieron tener su propia plataforma: Disney, Warner Bros. Discovery, Amazon, Apple y otros gigantes del entretenimiento desarrollaron o fortalecieron sus servicios de streaming. El problema ya no es encontrar algo que ver, sino decidir dónde verlo.
Netflix no inventó el cine, la televisión ni internet, pero supo combinar los tres en el momento adecuado. Y aquella empresa que alguna vez enviaba DVDs dentro de sobres terminó participando en una de las mayores transformaciones de la industria audiovisual contemporánea.