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Santa María la Ribera se transforma entre restaurantes, nuevos edificios y gentrificación. ¿Es acaso la próxima Roma-Condesa? 

Nuevos desarrollos y precios de vivienda a la alza están cambiando una de las colonias con mayor tradición de la CDMX. Sus habitantes ya advierten sobre el posible costo de esa transformación.

Santa María la Ribera se transforma entre restaurantes, nuevos edificios y gentrificación. ¿Es acaso la próxima Roma-Condesa? 

Santa María la Ribera se transforma entre restaurantes, nuevos edificios y gentrificación. ¿Es acaso la próxima Roma-Condesa?  FOTO: Wikimedia Commons

Casonas del siglo XIX, vecindades, puestos callejeros y negocios que llevan décadas compartiendo las mismas calles. En medio de ellos, cada vez aparecen más edificios de departamentos, cafeterías, restaurantes y establecimientos pensados para una nueva generación de habitantes y visitantes. Sin duda, la transformación recuerda a lo ocurrido en colonias como Roma y Condesa: zonas céntricas con arquitectura histórica y fuerte identidad barrial que comenzaron a atraer a nuevos residentes, inversiones y negocios hasta convertirse en uno de los mercados inmobiliarios más cotizados de la Ciudad de México. Aunque Santa María todavía no está en el mismo punto, todo indica que va en camino.

Una colonia con más de 160 años de historia

Santa María la Ribera fue creada en 1861 y es actualmente considerada por la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México como la primera colonia de clase media que contó con los servicios propios de un fraccionamiento. Su ubicación es una de sus grandes ventajas. Está muy cerca del Centro Histórico y de Paseo de la Reforma, y tiene grandes ventajas en cuanto a movilidad al contar con estaciones de Metro y Metrobús que conectan con distintos puntos de la capital.

A eso se suma algo que no puede inventarse de la nada: tradición, cultura propia e iconos de la identidad capitalina como el kiosco Morisco, la alameda de Santa María, el Museo de Geología de la UNAM y el Museo Universitario del Chopo. A unas calles sobreviven mercados, fondas, cantinas, pequeños comercios y algunas de las casonas porfirianas que recuerdan el pasado del barrio. Pero poco a poco, durante los últimos 15 años ha ido apareciendo una oferta diferente: cafés de especialidad, gastronomía, proyectos culturales e inmobiliarios, que cada vez transforman más a Santa María la Ribera en un opción para quienes buscan alternativas a la Roma, la Condesa o la Juárez.

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Los precios ya están cambiando

La transformación se refleja especialmente en el mercado inmobiliario. Aunque no existe una estadística oficial dado que el INEGI no publica precios comerciales de venta de vivienda desagregados por colonia, el mercado inmobiliario privado maneja cifras que señalan que el precio de venta por metro cuadrado en Santa María la Ribera pasó de alrededor de los  $28,571.00 pesos en 2020 a $55,384.00 pesos en 2025. Casi el doble.

La presión inmobiliaria sobre Santa María la Ribera comenzó desde el año 2000. El Programa Parcial de Desarrollo Urbano para Santa María la Ribera, Atlampa y Santa María Insurgentes, ya advertía sobre los efectos que podía provocar el creciente interés económico por el suelo de la zona. El documento señala que el aprovechamiento de la rentabilidad del suelo ha estimulado cambios de uso capaces de expulsar población residente y deteriorar tanto el tejido social como el patrimonio cultural. Es decir, mucho antes de que el concepto de gentrificación se convirtiera en parte habitual de la conversación en la Ciudad de México, la propia planeación urbana ya reconocía el riesgo de que la transformación inmobiliaria alterara la composición social y patrimonial de Santa María.

Más allá de las cifras, los vecinos lo señalan

En julio de este año, algunos habitantes de Santa María la Ribera denunciaron una nueva aceleración del fenómeno. De acuerdo con un registro elaborado por los propios vecinos, existen actualmente 18 obras inmobiliarias en desarrollo dentro de la colonia. No se trata de un conteo oficial del gobierno de la Ciudad de México, sino de proyectos identificados por los residentes, quienes han solicitado a las autoridades revisar las autorizaciones correspondientes. Su preocupación no se limita a la aparición de nuevos edificios. Los habitantes denuncian presión sobre el abasto de agua, drenaje, calles e infraestructura urbana, además del posible impacto sobre el patrimonio arquitectónico y la identidad de la zona.

Uno de los proyectos que mayor oposición ha generado se localiza en Ribera de San Cosme 33, frente al Museo Universitario del Chopo. Según un escrito presentado por vecinos ante el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), el proyecto contempla un desarrollo habitacional de siete niveles en un terreno de más de 5 mil 800 metros cuadrados. Los residentes han solicitado que se revise su impacto sobre el entorno visual y patrimonial del museo.

La gentrificación llega por la mesa

Fonditas, loncherías y comercios tradicionales conviven ahora con restaurantes especializados, nuevos conceptos gastronómicos y cafeterías de especialidad, incluso ya hay investigadores que comienzan a llamarle “gentrificación gastronómica” para analizar cómo la llegada de consumidores con distintos hábitos y mayor poder adquisitivo puede modificar los negocios, los productos que ofrecen, sus precios e incluso el tejido de la zona. Para muchos habitantes, el temor es que aquello que convirtió a Santa María en un barrio atractivo sea precisamente lo que termine dificultando la permanencia de quienes construyeron su identidad.

¿La nueva Roma-Condesa?

Santa María aún conserva una mezcla social, comercial y urbana distinta a Roma y Condesa. Sus mercados, vecindades, comercios familiares y habitantes de varias generaciones continúan formando parte esencial del barrio. Incluso algunos de sus habitantes  reconocen que la transformación todavía no alcanza la intensidad de esas colonias. “Todavía no estamos en la fase brutal que se vive en la Roma o la Condesa, pero para allá vamos” –explicó un residente entrevistado por el periódico La Jornada en abril de 2026.

El reto que enfrenta esta colonia reside en una gran paradoja. La arquitectura, ubicación, vida cultural, conectividad y carácter barrial que han hecho de Santa María la Ribera uno de los lugares más atractivos de la ciudad, son también los elementos que pueden acelerar una transformación que no necesariamente beneficie a sus habitantes tradicionales. La pregunta entonces, quizá no sea si Santa María la Ribera se convertirá en la próxima Roma-Condesa, sino si conseguirá transformarse sin dejar atrás su identidad… y a sus vecinos.

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