Te puede interesar:
¡Tu bici también puede viajar en Metro! Checa los horarios y re...
Ciudad
De una escala en el camino hacia Estados Unidos, la Ciudad de México se ha convertido en lugar de residencia para migrantes de Haití, Venezuela y otros países de Latinoamérica. Campamentos, albergues y nuevas comunidades han cambiado la dinámica de varias zonas y generado tanto redes de solidaridad como tensiones vecinales.
Migrantes en la CDMX: dónde viven y cómo están transformando la ciudad FOTOS: Wiki Commons
Mucho se habla de la gentrificación generada por personas provenientes del norte global y aún no suficiente de los miles de migrantes que desde la región del Caribe, centro y Sudamérica que ya no ven a la Ciudad de México como territorio de tránsito en su camino a Estados Unidos, sino como el lugar donde esperan documentos, solicitan refugio, buscan trabajo o donde incluso, comienzan una nueva vida. La capital tiene además una característica particular. Desde 2017 fue declarada ‘Ciudad santuario’ y su legislación reconoce los derechos de las personas migrantes independientemente de su situación jurídica. La llegada de nuevos flujos migratorios, sin embargo, ha puesto a prueba la capacidad de albergues, autoridades y comunidades para responder a una población que cambia constantemente.
La dimensión del fenómeno requiere distinguir entre quienes transitan por la ciudad y quienes efectivamente viven en ella. El Censo de Población y Vivienda 2020 contabilizó 104 mil 629 habitantes de la CDMX nacidos en otro país. Entre los principales lugares de nacimiento estaban Estados Unidos, Venezuela y Colombia. Esta cifra, sin embargo, no incluye necesariamente a toda la población flotante que llega, permanece algunas semanas o meses, y continúa su recorrido. Y es precisamente esa población en tránsito la que se ha hecho más visible en las calles.
Uno de los puntos más emblemáticos de este fenómeno fue la Plaza Giordano Bruno, en la colonia Juárez, donde durante meses, casas de campaña y lonas transformaron el espacio urbano en un asentamiento temporal. En junio de 2024, el Instituto Nacional de Migración contabilizó a 432 personas extranjeras habitando en el lugar. Había migrantes de Haití, Venezuela, Ecuador, Colombia, Honduras y otros países. Algunos fueron trasladados voluntariamente a albergues y oficinas migratorias, mientras que otros abandonaron el lugar por sus propios medios.
Te puede interesar:
¡Tu bici también puede viajar en Metro! Checa los horarios y re...
Lo mismo sucedió en el norte de la ciudad. Tanto en Vallejo como en la avenida de los Cien Metros, en la alcaldía Gustavo A. Madero, surgieron campamentos en las proximidades de albergues, vías ferroviarias y la Terminal Central de Autobuses del Norte. La ubicación no es casual: las terminales y rutas ferroviarias son puntos estratégicos para quienes todavía pretenden continuar hacia el norte.
Otro foco importante apareció en la Plaza de la soledad, en la zona de La Merced del centro histórico. De acuerdo con el gobierno capitalino, llegó a concentrar alrededor de mil 500 personas. Tras una serie de procesos de reubicación, quedaban unas 150 para mayo de 2025.
La Terminal de autobuses de pasajeros de oriente (TAPO), en la alcaldía Venustiano Carranza, también ha funcionado como punto de llegada y salida. Para quienes han recorrido México durante semanas, las centrales camioneras ofrecen la posibilidad de sustituir largas jornadas a pie por traslados motorizados hacia otros estados.
Te puede interesar:
Explosión en Álvaro Obregón deja 2 muertos, 14 heridos y 15 fa...
Pero no todos los migrantes siguen su camino hacia el norte. Algunos encuentran empleo, rentan habitaciones, se incorporan al comercio informal y comienzan procesos para regularizar su estancia. Esa transición hace que un fenómeno que inicialmente sólo se concentraba en el ámbito de los campamentos, termine integrándose poco a poco a la vida cotidiana de la ciudad. La movilidad, además, cambia rápidamente. Los grandes campamentos que marcaron el paisaje de la capital entre 2023 y 2025 ya no ofrecen una fotografía precisa del fenómeno actual.
En noviembre de 2024 se estimaba que unas cinco mil personas migrantes se distribuían en seis campamentos principales ubicados en las alcaldías Cuauhtémoc, Iztapalapa y Gustavo A. Madero. Para mayo de 2025, el gobierno capitalino informó que había reducido considerablemente la población que permanecía en tres de los principales asentamientos mediante traslados voluntarios, alojamiento y otras acciones de atención.
Para 2026, la política capitalina se ha desplazado hacia un modelo que busca combinar alojamiento temporal con integración social y laboral. El gobierno de Clara Brugada ha reportado la atención a alrededor de cinco mil 600 personas migrantes, mientras espacios como la Casa de Asistencia a la Movilidad Humana Vasco de Quiroga funcionan como alojamiento transitorio para quienes buscan empleo y una vivienda permanente. Este cambio transforma la manera en que la migración se hace visible actualmente. Si bien una persona que deja una casa de campaña para rentar una habitación y trabajar en alguna zona de la capital desaparece de las estadísticas de los campamentos y albergues, no necesariamente se esfuma de la capital.
Por eso resulta difícil establecer cuántos migrantes viven actualmente en la CDMX. Hasta septiembre de 2026 no existe un censo público actualizado que permita conocer con precisión cuántas personas migrantes residen en la capital y cuántas permanecen temporalmente mientras continúan su viaje. Más que una población estática, se trata de un flujo que cambia conforme avanzan los trámites migratorios, aparecen oportunidades laborales, se consigue alojamiento o cambian las políticas migratorias de México y Estados Unidos.
Con todo, es la convivencia entre migrantes y capitalinos lo que se antoja más conflictivo. La instalación de campamentos en parques, banquetas y camellones ha provocado protestas de habitantes y comerciantes por la ocupación del espacio público, acumulación de residuos, falta de servicios sanitarios y afectaciones a la movilidad. Al mismo tiempo, organizaciones civiles, albergues, grupos religiosos y vecinos han construido redes para ofrecer comida, ropa, atención médica y asesoría jurídica. El problema, por lo tanto, tiene dos caras: garantizar condiciones dignas para una población vulnerable y, simultáneamente, evitar que la ausencia de infraestructura traslade todo el costo de la emergencia migratoria a las comunidades donde aparecen los campamentos.
La Ciudad de México enfrenta así una transformación menos impactante que cientos de migrantes sobre el lomo de La bestia, pero posiblemente más profunda y transformadora. Porque es un hecho que hoy, entre albergues, terminales, empleos y nuevas comunidades, la migración desde el sur global ya forma parte del paisaje cotidiano de la capital. El reto ahora no consiste solamente en recibir a quienes llegan, sino en encontrar la manera de integrar a quienes deciden quedarse sin convertir el espacio público en la única alternativa para sobrevivir.