Martes, 15 De Septiembre De 2026 | CDMX

OPINIÓN

La patria de todos los días.

¿Muy mexicano el 15 de septiembre y el 16 te vuelves a estacionar en doble fila? Amar a México también es respetar sus leyes. El patriotismo sin civismo puede terminar en puro karaoke nacional: mucha emoción, mucho volumen… y muy poca memoria al día siguiente.

Martes, 15 de Septiembre de 2026

Hay mexicanos que se acuerdan de la patria como de una tía lejana: la visitan una vez al año, le llevan flores, le gritan “¡Viva!” y al día siguiente vuelven a estacionarse en doble fila.

Septiembre tiene esa extraña virtud de despertarnos el patriotismo. Aparecen las banderas, el pozole, los sombreros que nadie usaría en circunstancias normales y ese mexicano oculto que todos llevamos dentro, dispuesto a cantar el Himno Nacional con una mano en el pecho y la otra sosteniendo un tequila.

Más artículos del autor

Y está bien celebrar. Faltaba más.

El problema comienza cuando creemos que amar a México consiste únicamente en gritar su nombre durante una noche.

Porque la patria no vive solamente en Palacio Nacional, en los libros de historia o en una bandera ondeando sobre una plaza. La patria vive mucho más cerca: en la casa, en la calle, en la banqueta, en la forma en que tratamos a quien no puede ofrecernos nada.

Patria es respetar el semáforo, aunque nadie nos esté mirando.

Es no tirar basura y después quejarnos de que la ciudad está sucia.

Es pagar justamente por el trabajo de alguien.

Es cumplir la palabra empeñada.

Es enseñarles a nuestros hijos que tener influencias no significa tener derecho a pasar por encima de los demás.

También es reconocer que el país no siempre se equivoca allá arriba. A veces México se nos descompone aquí abajo, en esas pequeñas trampas cotidianas que justificamos diciendo: “No pasa nada”.

Y sí pasa.

Pasa que una nación no se destruye solamente por sus grandes problemas. También se desgasta con millones de pequeñas irresponsabilidades.

Yo también he caído en esa cómoda costumbre de exigir un país perfecto mientras disculpo mis propias fallas. Resulta muy sencillo pedir mejores gobernantes, mejores vecinos y mejores ciudadanos. Lo verdaderamente incómodo es preguntarnos si nosotros estamos siendo mejores.

El patriotismo sin civismo termina siendo una especie de karaoke nacional: mucha emoción, mucho volumen y muy poca memoria al día siguiente.

Por eso, cuando llegue la noche del 15, gritemos con fuerza. Celebremos nuestra historia, abracemos nuestras raíces y sintámonos orgullosos de pertenecer a esta tierra extraordinaria, contradictoria, generosa y, a veces, desesperante.

Pero cuando termine la música y guardemos la bandera, recordemos que México seguirá ahí, esperando algo más de nosotros.

Porque a la patria no se le ama únicamente una noche.

Se le cuida todos los días.

Vistas: 0

Blogs