Desde su creación, la moda se ha caracterizado por romper reglas, reinventar tendencias y desafiar lo establecido. Sin embargo, también ha reproducido estándares sobre aquello que la industria considera “bello” y ha excluido a sectores de la población como las personas con discapacidad.
Cambiando Modelos y Kadima, dos fundaciones a favor de los derechos de las personas con discapacidad, se dieron cuenta de ello y crearon el All Inclusive Runway. Durante su quinta edición, celebrada en el Museo Soumaya, demostraron que las personas con discapacidad tienen derecho a ocupar y apropiarse de espacios como el de la moda. Bajo el lema: This is my Walk, dejaron en claro que el talento, el estilo y la personalidad no responden a un único modelo.
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Sin embargo, pese al plausible esfuerzo, resulta necesario preguntarnos por qué la presencia de personas con discapacidad sigue siendo vista como algo excepcional, a pesar de que, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), 9.5 millones de personas en México tienen alguna discapacidad.
Este dato nos recuerda que la inclusión debe trascender las pasarelas y los reflectores y que el Estado tiene la obligación de garantizar que esa visibilización permanezca en las escuelas, los centros de trabajo, los espacios culturales y todos los ámbitos de la vida cotidiana. Porque ajustes como rampas accesibles, elevadores, subtitulaje en tiempo real e inclusión digital no deberían ser un privilegio ni un detalle opcional, sino parte de las condiciones necesarias para que más personas puedan ejercer sus derechos. Esta semana, All Inclusive Runway demostró que la diversidad existe, lo que hace falta es construir espacios capaces de reconocerla y tener presente que no todas las personas recorremos el mundo de la misma manera, pero todas tenemos el derecho a hacerlo con dignidad y en igualdad de oportunidades.