Jueves, 17 De Septiembre De 2026 | CDMX

Seguridad

Claudia Tacoronte no es una cifra más, ni la violencia en Morelos puede seguir siendo ignorada.

Claudia Tacoronte llegó a Morelos para estudiar y se convirtió en la cuarta estudiante de la UAEM víctima de feminicidio en 2026. Su caso exhibe una realidad intolerable: feminicidios, homicidios y crimen organizado asfixian al estado.

Claudia Tacoronte no es una cifra más, ni la violencia en Morelos puede seguir siendo ignorada.

Hace cinco días, Claudia Tacoronte Aguilera, una estudiante española de 21 años que cursaba el cuarto año de Educación Infantil en la Universidad de Granada y se encontraba en México realizando un intercambio en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), fue atacada con un arma blanca en Cuautla, donde asistía a un evento sobre plantas medicinales. Su muerte trascendió rápidamente las fronteras porque no ocurrió en un vacío: es la cuarta estudiante de la UAEM asesinada durante 2026 y la quinta desde abril de 2025. 

Después de reconstruir los movimientos de Claudia Tacoronte mediante cámaras de videovigilancia, públicas y privadas, así como a través de videos aportados por ciudadanos, se descubrió la imagen de un hombre en las inmediaciones de la Casa de la Cultura de Cuautla, al que posteriormente se ve huyendo del lugar alrededor de la hora calculada del ataque. Su vestimenta y características físicas coincidieron, además, con las de un hombre que ya había sido registrado en otros videos relacionados con robos en la zona. Varios vecinos aportaron información que permitió identificarlo como “Paco” o “El Trompas”. Con estos registros, testimonios y otros indicios, la Fiscalía Especializada en Feminicidios obtuvo de un juez la orden para detener a Francisco Javier “N” el martes 15 de septiembre, información que fue confirmada al día siguiente por el fiscal morelense, Fernando Blumenkron. Su búsqueda ya se ha extendido a otras entidades del país, pero hasta esta mañana, no se ha informado de su captura. 

“Encender una vela no va a cambiar nada”

El 15 de septiembre, dos días después de conocerse el asesinato, Lara Tacoronte publicó un video en sus redes sociales en el que relató lo que sabía sobre el ataque, exigió justicia y cuestionó las condiciones en las que su hermana Claudia fue enviada de intercambio a Morelos. Lara aseguró que Claudia no había elegido específicamente la UAEM como destino, sino que solicitó participar en un programa de movilidad y posteriormente le fue asignada esa universidad. También afirmó que su hermana no había sido advertida antes de viajar sobre los feminicidios de otras estudiantes vinculadas con la institución y que sus padres comenzaron a preocuparse cuando conocieron esos antecedentes una vez que Claudia ya se encontraba en México.

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En el mismo video, Lara contradijo las versiones sobre el acompañamiento institucional a la familia: “A mis padres no les ha llamado absolutamente nadie. Y a mí tampoco me ha llamado absolutamente nadie”, aseguró, aunque reconoció que sí habían existido comunicaciones relacionadas con trámites y procedimientos legales. También cuestionó que la respuesta al feminicidio se limitara a homenajes: “Está muy bien que enciendas una vela, yo también la encendí anoche, pero es que eso no va a cambiar nada”, dijo al reclamar medidas que impidan que hechos similares continúen ocurriendo.

La indignación ya llegó también a las calles. El 14 de septiembre estudiantes de la UAEM marcharon desde el campus de Chamilpa al centro de Cuernavaca para exigir justicia. Ayer, 16 de septiembre, estudiantes de universidad estatal y colectivos feministas irrumpieron en el desfile cívico-militar. Los manifestantes avanzaron hacia la zona de Palacio de gobierno, donde se registraron momentos de tensión y empujones con policías estatales. Algunas jóvenes realizaron un performance tendidas sobre el suelo y cubiertas con pintura roja para representar a víctimas de feminicidio. Con una gran manta con la leyenda “Morelos Feminicida” y consignas de “¡Justicia!”, denunciaron también los asesinatos de otras estudiantes de la UAEM. Tras aproximadamente 10 minutos en la zona del desfile, se retiraron y el desfile pudo comenzar. “Estar en la UAEM se siente como ser parte de un necrocatálogo” –se leía en una de las pancartas. 

Morelos, entre los estados con mayor violencia homicida

Las protestas y la indignación no son para menos. Las cifras dimensionan el contexto. Entre enero y agosto de 2026, Morelos acumuló 618 homicidios dolosos, un promedio cercano a 2.5 víctimas diarias. Aunque en números absolutos la entidad ocupa el séptimo lugar nacional, su menor población cambia la dimensión del problema: con datos acumulados hasta julio registraba 28.56 homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes, la segunda tasa más alta del país.

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La violencia contra las mujeres muestra un escenario similar. De acuerdo con cifras oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), entre enero y julio se contabilizaron 21 víctimas de feminicidio, lo que representa que una mujer pierde la vida en Morelos cada diez días, aproximadamente. Por si no fuera suficiente, Morelos presenta también la segunda tasa más alta de México en este delito, apenas por debajo de Sinaloa.

Paradójicamente, estas cifras conviven con un reporte que muestra una tendencia a la baja en los homicidios dolosos. Apenas el 9 de septiembre pasado, Sara Olivia Parra Téllez, vocera de la Mesa de Coordinación Estatal para la Construcción de Paz y Seguridad de Morelos, informó que el promedio diario de este delito había disminuido un 17.7% entre enero y agosto de 2026 frente al mismo periodo de 2025, de acuerdo con cifras del SESNSP. 

Documentos oficiales relacionados con la Alerta de Violencia de Género señalan que la violencia feminicida en Morelos ocurre con frecuencia dentro del entorno cercano de las víctimas. Alrededor de la mitad de los feminicidios en el estado están vinculados con violencia familiar y en cerca del 50% de los casos, el agresor es o fue pareja de la víctima. 

Un territorio disputado por el crimen organizado

A este escenario se suma la presencia del crimen organizado. Investigaciones periodísticas han documentado al menos 11 organizaciones criminales con actividad en Morelos, entre ellas el Cártel de Sinaloa, CJNG, La Familia Michoacana y Guerreros Unidos. Cuautla, donde Claudia fue asesinada, enfrenta además problemas de homicidio, extorsión y cobro de piso lo suficientemente graves como para que las autoridades federales y estatales reforzaran este año el ‘Plan Cuautla’, con 394 elementos de seguridad desplegados en distintas colonias. En mayo, autoridades federales también ejecutaron órdenes de aprehensión contra servidores públicos y particulares por delincuencia organizada y extorsión en Morelos. Incluso el Ministerio de Exteriores español ya recomendaba evitar viajes no imprescindibles a Morelos debido al incremento de la violencia relacionada con narcotráfico y secuestros. Tras el asesinato de Claudia, las universidades de Granada y La Laguna suspendieron temporalmente la movilidad estudiantil con Morelos, mientras otras instituciones españolas comenzaron a revisar sus protocolos.

“No daremos ni un paso atrás frente a la impunidad”

Ayer, 16 de septiembre, después de la irrupción de estudiantes de la UAEM y colectivos feministas en el desfile Cívico-Militar en el centro de Cuernavaca, la gobernadora de Morelos, Margarita González Saravia, publicó un video en sus redes sociales en el que aseguró que daba seguimiento personal al caso y coordina “todas las capacidades del gobierno del estado” para localizar al presunto responsable: “No daremos ni un paso atrás frente a la impunidad” –afirmó la mandataria estatal. Dos días antes, el 14 de septiembre, González Saravia se había reunido en el Palacio de gobierno con el cónsul general de España en México, Marcos Rodríguez Cantero, para informarle sobre los avances de la investigación, así como sobre la coordinación entre autoridades estatales, federales y españolas.

Cinco días después del asesinato de Claudia Tacoronte, Francisco Javier “N” continúa prófugo y su rostro ya circula en una ficha de búsqueda difundida por la fiscalía de Morelos. La promesa oficial es que no habrá impunidad; en las calles, estudiantes y mujeres exigen algo más: no tener que esperar al próximo asesinato para volver a ser escuchadas. Porque detrás del nombre de esta víctima de feminicidio hay una realidad imposible de reducir a una estadística: llegó a Morelos para estudiar y regresará a España sin vida. Es la cuarta estudiante de la UAEM que pierde la vida de forma violenta este año. Y mientras universidades extranjeras reconsideran si es seguro enviar a sus alumnos al estado, la pregunta permanece para quienes viven ahí todos los días: ¿cuántas mujeres más tienen que morir antes de que la seguridad deje de ser una promesa? Como advirtió Lara Tacoronte tras el asesinato de su hermana: “Encender una vela no va a cambiar nada”.

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