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Cultura
Cada 15 de septiembre gritamos: “¡Viva Hidalgo!”, pero el 16 olvidamos que el Desfile Cívico-Militar sigue una tradición vinculada con la entrada triunfal de Agustín de Iturbide a la capital y llenamos las calles con el verde, blanco y rojo que se consolidaron con el Ejército Trigarante. Miguel Hidalgo está por todas partes. Agustín de Iturbide, casi en ninguna.
Aún cuando sabemos que lo que se celebra en las fiestas patrias es el inicio de la gesta independentista, no deja de ser extraño que quien encabezara la consumación de la independencia de México en 1821 sea uno de los grandes ausentes del ritual con el que México celebra su soberanía y autodeterminación como país. Muy probablemente tenga que ver con que a Iturbide se le ocurrió la pésima idea de auto declararse emperador. Quizá por lo mismo y de manera paradójica, resulta también muy curioso descubrir que Iturbide está escondido a plena vista en varias de las tradiciones con las que México celebra su Independencia.
El Desfile Cívico-Militar y el Ejército Trigarante
Uno de los antecedentes históricos del Desfile Cívico-Militar ocurrió el 27 de septiembre de 1821, cuando el Ejército Trigarante entró triunfalmente a la Ciudad de México, encabezado por Iturbide, para consumar la independencia. La guerra iniciada once años antes estaba llegando a su fin y más de 16 mil hombres integraron la columna que avanzó hacia el corazón de la capital. El recorrido comenzó en Chapultepec, continuó por Bucareli, siguió por la calle de San Francisco —actual Madero— hasta desembocar en lo que hoy llamamos zócalo. Tras cruzar la plaza y llegar al antiguo palacio virreinal, subió al balcón para contemplar el paso de las tropas junto con Juan O’Donojú.
El 27 de septiembre de 1821 tenía además un significado personal para el jefe del Ejército Trigarante: era su cumpleaños número 38. Pero contrario a la creencia popular el desfile no se hizo para celebrar a Iturbide ni tampoco a Porfirio Díaz. La relación es otra.
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En 1825, ya instaurada la República y bajo la presidencia de Guadalupe Victoria, se realizó una parada militar para conmemorar el inicio de la Independencia. Con los años, aquella ceremonia evolucionó hasta convertirse en el desfile que hoy conocemos. Así que cada 16 de septiembre México celebra el levantamiento iniciado por Hidalgo mientras sus Fuerzas Armadas conservan, entre sus antecedentes ceremoniales, la memoria de la marcha que acompañó la consumación encabezada por Iturbide.
Verde, blanco y rojo: la bandera también conduce hasta Iturbide
La bandera mexicana actual no es la bandera de Agustín de Iturbide, pero una parte fundamental de su identidad quedó definida durante la consumación de la Independencia. El 24 de febrero de 1821, Iturbide proclamó el Plan de Iguala y se conformó el Ejército de las Tres Garantías: Religión, Independencia y Unión. El nuevo ejército adoptó una bandera tricolor confeccionada por José Magdaleno Ocampo, con franjas diagonales en blanco (la religión católica), verde (la independencia) y rojo (la unión).
Después de consumarse la Independencia, Iturbide dispuso una nueva bandera para el naciente Imperio. Las franjas se colocaron verticalmente en el orden verde, blanco y rojo y en el centro apareció un águila coronada que no sobrevivió mucho tiempo. Pero México conservó los tres colores.
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¿Un chile para Iturbide?
Los mismos tres colores aparecen cada septiembre en uno de los platillos más emblemáticos del mes patrio. La historia más popular sobre los chiles en nogada cuenta que en agosto de 1821 Iturbide pasó por Puebla después de la firma de los Tratados de Córdoba, celebrados el 24 de agosto con Juan O’Donojú. Según la tradición, las monjas agustinas del convento de Santa Mónica decidieron homenajearlo preparando un platillo con ingredientes de temporada que reprodujeran los colores del Ejército Trigarante.
La leyenda es linda pero no existe documentación que demuestre que las religiosas inventaron los chiles en nogada especialmente para Iturbide ni se conserva aquella supuesta receta original. Así que quizá Iturbide no provocó el nacimiento del chile en nogada. Pero la leyenda que lo relaciona con él sí ha contribuido a convertirlo en un símbolo patriótico.
El héroe que le falta al Ángel
La historia de Iturbide guarda una última paradoja. Dentro de la Columna de la Independencia descansan los restos de Miguel Hidalgo, José María Morelos, Ignacio Allende, Juan Aldama, Vicente Guerrero, Guadalupe Victoria, Leona Vicario y Andrés Quintana Roo, entre otros protagonistas del movimiento, pero Agustín de Iturbide no está ahí. Después de su fusilamiento, sus restos permanecieron durante años en Padilla. En 1838, durante el gobierno de Anastasio Bustamante, fueron trasladados solemnemente a la Ciudad de México y depositados en la Catedral Metropolitana… y ahí siguen. Sus restos se encuentran en la Capilla de San Felipe de Jesús, dentro de una urna funeraria.
El Iturbide que México celebra sin nombrarlo
Quizá ninguna figura explica mejor que Agustín de Iturbide lo complicado que puede resultar construir una historia nacional. Hidalgo podía representar el inicio de la rebelión. Morelos, la continuación del movimiento y un proyecto político. Guerrero, la resistencia insurgente. Pero Iturbide era mucho más incómodo. Había combatido a los insurgentes antes de pactar con ellos. Encabezó la consumación de la Independencia, pero después se convirtió en emperador. Fue celebrado, coronado, derrocado, exiliado y finalmente fusilado por el mismo país cuya independencia había contribuido decisivamente a conseguir.
La República terminó privilegiando la memoria de los insurgentes, pero no consiguió borrar todas las huellas de Iturbide. Ayer México volvió a vitorear a Hidalgo y hoy contemplará a miles de militares recorrer el corazón de la capital en una tradición que tiene entre sus antecedentes aquella entrada victoriosa de Iturbide y el Ejército Trigarante. Durante este mes comeremos un platillo que la leyenda relaciona con él y llenaremos calles, plazas y edificios con tres colores que quedaron asociados a la nación durante la consumación de la Independencia. Aunque Agustín de Iturbide desapareció en buena medida del relato de las Fiestas Patrias, sus símbolos sobreviven.