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Nación
Antes de que sonara la campana, antes de los “¡Viva México!” y mucho antes de que Gloria Trevi pusiera a cantar al Zócalo, Puebla ya estaba de fiesta.
La noche del 15 de septiembre comenzó varias calles antes de llegar al corazón de la capital. Había sombreros que parecían comprados específicamente para la ocasión, vestidos y camisas con bordados mexicanos, familias enteras vestidas con los colores patrios y también quienes llegaron como cualquier otro martes: tenis, chamarra, pantalón y celular en mano. No hacía falta uniforme para formar parte de la celebración.
Lo que sí hacía falta era paciencia. Llegar al zócalo poblano significaba avanzar entre calles cerradas y pasar por los filtros de seguridad. No eran únicamente una percepción de aquella noche: el operativo dispuesto para los festejos contempló más de 1,300 policías estatales, coordinación con la Marina, Defensa, Guardia Nacional y corporaciones municipales, según datos del propio gobierno, además de 13 torres móviles de videovigilancia, centros de mando y patrullajes aéreos. Arcos, revisiones y elementos de seguridad marcaban la entrada a una celebración que, detrás de esa logística, tenía otra cara mucho más relajada. Porque una vez dentro, la escena cambiaba.
La otra pasarela del 15 de septiembre
Mientras afuera las familias buscaban el mejor espacio posible, en la zona reservada comenzaba otra historia: la alfombra roja por donde fueron apareciendo integrantes del gabinete estatal y personajes de la vida pública poblana. Por ahí pasó José Luis García Parra, coordinador de Gabinete; también desfilaron responsables de distintas áreas del gobierno, entre ellos Gabriela Sánchez Saavedra, secretaria de Deporte y Juventud, y Miryam Aquino Mena, secretaria de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación . Hubo saludos, fotografías y funcionarios que se permitieron unos segundos más para conversar antes de continuar.
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Y luego estuvo Carla López-Malo Villalón, secretaria de Desarrollo Turístico. Su paso contrastó con el de otros integrantes del gabinete. No se detuvo demasiado frente a las cámaras ni prolongó los saludos y mantuvo un semblante más serio, dejando atrás rápidamente la zona de entrevistas. Mientras otros funcionarios hicieron de la alfombra una oportunidad para convivir y responder, López-Malo optó por un recorrido breve. No hizo falta llamarla “antipática”: la diferencia estuvo en la escena y fue bastante evidente para quienes estaban ahí.
Del protocolo a la plaza
Después llegó el momento que todos esperaban. En el balcón del Palacio Municipal apareció el gobernador Alejandro Armenta, acompañado del presidente municipal de Puebla, José Chedraui Budib. Ambos encabezaron la ceremonia frente a los miles de personas concentradas en el primer cuadro de la ciudad.
Armenta apareció con atuendo formal y una imagen especialmente cuidada para la ceremonia. Entre las luces del Palacio, la bandera y el balcón lleno de autoridades, la escena tenía todo lo que se espera de un 15 de septiembre.
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Pero abajo ocurría algo quizá más interesante. Había niñas sobre los hombros de sus padres intentando ver el balcón; parejas que se fotografiaban; familias buscando no separarse entre la multitud; sombreros tricolores que aparecían y desaparecían entre las cabezas y personas que levantaban el teléfono esperando capturar justo el instante de la campana. Desde horas antes poblanos y visitantes comenzaron a concentrarse en el Zócalo, en medio de calles convertidas prácticamente en corredores peatonales por los cierres establecidos para la celebración.
Y, pese al gentío, el ambiente que dominaba era el de una noche familiar. Se podía caminar (a ratos más lento de lo deseado), escuchar música, encontrar grupos de amigos y ver a generaciones completamente distintas coincidir por unas horas alrededor de la misma plaza.
Sonó la campana
Entonces el ruido comenzó a apagarse. La escolta entregó la Bandera Nacional. Armenta avanzó hacia el balcón y el murmullo de la plaza se convirtió en respuesta colectiva. Llegaron Hidalgo, Morelos, Josefa Ortiz, Allende y los nombres que cada septiembre regresan a los balcones de México.
Pero aquella noche hubo también arengas distintas. El gobernador incluyó a las mujeres poblanas y a las madres y familias buscadoras, una mención que destacó entre las proclamas de la ceremonia. Después vinieron la bandera ondeando sobre el balcón, el Himno Nacional y los fuegos artificiales sobre el Centro Histórico. Por unos minutos, casi todos miraban hacia arriba. Después todos voltearon hacia el escenario.
Y Puebla se soltó el pelo
Porque el Grito terminó, pero nadie tenía intención de irse a dormir. A unos pasos de Catedral esperaba Gloria Trevi. Había seguidores que no habían esperado unas horas, sino prácticamente todo el día. Algunos comenzaron a llegar desde la medianoche para garantizar un lugar cercano al escenario.
La presentación estaba programada para comenzar alrededor de las 23:30 horas, una vez concluida la ceremonia oficial. Y entonces la solemnidad desapareció. La plaza que minutos antes escuchaba arengas comenzó a cantar canciones que varias generaciones conocen de memoria. “Pelo Suelto”, “Doctor Psiquiatra”, “Todos me miran” y “Con los ojos cerrados” formaron parte de los temas esperados para una presentación que llevó la celebración hasta las primeras horas del 16 de septiembre.
Unas horas antes, funcionarios caminaban sobre una alfombra roja. Después, un gobernador agitaba la Bandera de México desde el Palacio Municipal. Abajo había sombreros, vestidos tradicionales, tenis, familias, celulares y miles de voces.
Y al final, todos terminaron mirando el mismo escenario. Porque la noche del 15 de septiembre Puebla tuvo protocolo, seguridad, política, tradición y ceremonia; pero cuando comenzó la música, el zócalo simplemente se convirtió en una enorme fiesta mexicana. Y sí, más de uno terminó dando el Grito con el pelo suelto.