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La CDMX registra la fecundidad más baja del país, con alrededor de 0.8 hijos por mujer, mientras la edad mediana de sus habitantes ya llegó a 37 años. ¿Cómo cambia una ciudad cuando nacen menos niños y su población envejece?
Menos nacimientos y una población que envejece comienzan a transformar la ciudad y plantean nuevas necesidades en vivienda, educación, cuidados y espacio público. Y es que hay una transformación silenciosa ocurriendo en la Ciudad de México. No necesita grandes obras para hacerse visible ni ocurre de un día para otro: cada vez nacen menos niños y la población envejece.
Los resultados de la Encuesta Intercensal 2025 del INEGI, publicados apenas el pasado 22 de septiembre, colocaron a la capital frente a una nueva realidad demográfica. La Ciudad de México registra la fecundidad más baja del país, alrededor de 0.8 hijos por mujer, mientras el promedio nacional se ubica en 1.2.
La transformación también se observa en la edad de sus habitantes. En 2020 la edad mediana de los capitalinos era de 35 años; para 2025 llegó a 37 años, la más alta del país. Hace tres décadas, en 1995, era de apenas 25. En otras palabras: la CDMX está envejeciendo.
La tendencia no ocurre de la misma manera en toda la capital. Benito Juárez presenta uno de los datos más llamativos: entre las mujeres de 15 a 49 años, el promedio es de apenas 0.4 hijos nacidos vivos. En Cuauhtémoc y Miguel Hidalgo es de 0.7; Azcapotzalco, Coyoacán e Iztacalco registran 0.8, mientras Álvaro Obregón, Tlalpan y Venustiano Carranza se encuentran alrededor de 0.9.
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La fotografía familiar de la ciudad también está cambiando. Hoy por hoy, hay ya menos casados que solteros. En la capital, 40.2% de la población de 12 años y más aparece como soltera, mientras 26.2% está casada, de acuerdo con los resultados intercensales. Detrás de tener menos hijos pueden convivir muchas historias: decisiones personales, transformaciones en las formas de hacer familia y condiciones económicas y laborales. Factores como vivienda, empleo, cuidados o costo de crianza pueden formar parte de la discusión, aunque los nuevos datos del INEGI describen el cambio demográfico y por sí solos no permiten atribuirlo a una causa única.
La transformación no significa que la CDMX vaya a convertirse en una “ciudad sin niños”. Significa que la proporción entre generaciones está cambiando. Y ese cambio ya lleva décadas ocurriendo. La pregunta, entonces, deja de ser únicamente cuántos niños nacen, sino para quién tendrá que diseñarse la ciudad de las próximas décadas. Una población más longeva necesita banquetas transitables, transporte accesible, servicios médicos y redes de cuidados. Una ciudad con hogares más pequeños también puede requerir otras formas de vivienda y servicios de proximidad.
Al mismo tiempo, los niños que sí vivan en ella seguirán necesitando escuelas, parques y espacios públicos pensados para ellos. La Encuesta Intercensal no dibuja una CDMX vacía de niños de un día para otro. Lo que muestra es una transición que difícilmente puede ignorarse: la capital tiene menos hijos y sus habitantes son cada vez mayores. Quizá una de las grandes preguntas para la CDMX de los próximos años no sea cómo seguir creciendo. Sino cómo aprender a envejecer.
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