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Gobierno
“intolerantes y miserables”, así calificó Felipe Calderón a ex miembros de Luz y Fuerza tras la decapitación de su estatua en el pasillo de los presidentes en el recinto cultural de Los Pinos.
El expresidente Felipe Calderón fijó su postura tras la decapitación de la estatua con su efigie ubicada en el pasillo de los mandatarios en el Complejo Cultural Los Pinos. El incidente, perpetrado por exintegrantes del sindicato Luz y Fuerza del Centro, coincidió con las actividades del Foro América Libre 2026, un encuentro del cual Calderón es promotor.
En entrevista con la periodista Azucena Uresti para Grupo Fórmula, el exmandatario calificó el acto como un delito y una muestra de que en México la oposición es tratada como «enemigo a vencer». Aunque la comunicadora insistió en conocer el impacto emocional que le causaron las imágenes, Calderón optó por evadir la respuesta personal para centrarse en la defensa de los logros de su sexenio, tildando a los manifestantes de «intolerantes y miserables».
El suceso abre un debate profundo sobre los límites de la protesta civil. Mientras el Frente Amplio de Unidad justifica la acción como un reclamo histórico por la extinción de su fuerza laboral, analistas y la propia conductora cuestionaron si el acto cruza la línea hacia la violencia simbólica. No obstante, el término resulta ambiguo: teóricamente describe la opresión sutil del poder hacia minorías, lo que deja en el aire si la destrucción de un monumento político califica como tal, o si los fuertes calificativos del propio expresidente hacia la disidencia civil ejercen un tipo de violencia similar.
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