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La capital cuenta con 120 cementerios distribuidos en sus 16 alcaldías, pero algunos enfrentan problemas de capacidad, mantenimiento y conservación.
Imagen: E-consulta CDMX
Cada 2 de noviembre, los panteones de la Ciudad de México se llenan de flores de cempasúchil, veladoras, música y familias que acuden a recordar a sus seres queridos. Sin embargo, detrás de esta tradición que mantiene viva la memoria de los muertos, los cementerios capitalinos enfrentan un problema cada vez más difícil de resolver: la saturación de espacios para nuevas sepulturas.
La capital cuenta con 120 panteones distribuidos en sus 16 alcaldías, aunque su presencia es desigual. Xochimilco encabeza la lista con 17 cementerios, seguida de Iztapalapa, Milpa Alta y Tlalpan, con 12 cada una. En contraste, Benito Juárez, Iztacalco y Venustiano Carranza tienen solamente uno por demarcación. Gustavo A. Madero dispone de 11 panteones; Tláhuac, de 10; Álvaro Obregón y Miguel Hidalgo, de nueve cada una; Azcapotzalco, de siete; Coyoacán, de seis; Cuajimalpa y Magdalena Contreras, de cinco respectivamente, mientras que Cuauhtémoc cuenta con dos.
Estas diferencias reflejan, en parte, la historia del crecimiento urbano. Mientras las alcaldías del sur conservan numerosos cementerios comunitarios vinculados con pueblos originarios, otras demarcaciones quedaron integradas a una ciudad densamente urbanizada, donde conseguir terrenos para nuevos espacios funerarios representa un desafío. El problema no consiste únicamente en la cantidad de panteones disponibles, sino en su capacidad. Algunos cementerios han alcanzado niveles críticos de ocupación, lo que dificulta ofrecer nuevas sepulturas y obliga a revisar los sistemas de temporalidad, reutilización de espacios y alternativas funerarias.
Reportes periodísticos publicados durante 2026 han documentado la saturación de los nueve panteones de Álvaro Obregón y de ocho cementerios analizados en Tlalpan. En Gustavo A. Madero también se ha señalado una ocupación cercana al 99%, con base en datos de 2025. Estas cifras evidencian que disponer de numerosos cementerios no necesariamente significa contar con suficientes lugares para sepultar a los fallecidos. La situación se vuelve especialmente compleja en comunidades donde las familias mantienen vínculos históricos con sus panteones y desean conservar allí los restos de varias generaciones.
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A la falta de espacio se suman los desafíos de conservación. La limpieza de pasillos, recolección de basura, mantenimiento de bardas, seguridad, suministro de agua y cuidado de áreas comunes requieren atención constante, no solamente durante las celebraciones de noviembre. En Xochimilco, por ejemplo, se han difundido denuncias relacionadas con basura, deterioro de tumbas y presuntos cobros de mantenimiento en el panteón de Xilotepec. Se trata de señalamientos que requieren seguimiento de las autoridades para determinar responsabilidades y atender las necesidades de los usuarios.
La administración de estos espacios también plantea un reto institucional. Las alcaldías participan en la prestación de servicios funerarios y la atención de los panteones públicos bajo su responsabilidad, mientras que la regulación y supervisión involucran disposiciones y autoridades del gobierno capitalino. No todos los cementerios tienen el mismo régimen de administración.
En el Congreso de la Ciudad de México se ha planteado la necesidad de establecer planes de gestión que permitan diagnosticar la capacidad de los cementerios, identificar sus necesidades de conservación y diseñar estrategias frente a la saturación. Este año, las autoridades capitalinas estimaron la visita de 1.5 millones de personas a los panteones durante las celebraciones del 30 de octubre al 2 de noviembre. Para garantizar la seguridad se anunció un operativo con más de 11 mil policías, vigilancia vial y atención de emergencias en las 16 alcaldías. Pero mientras los operativos especiales atienden la concentración de visitantes durante unos cuantos días, los problemas estructurales de los cementerios requieren soluciones permanentes, presupuestos suficientes y coordinación entre autoridades.
Frente a la saturación y el deterioro de los cementerios, el gobierno de la Ciudad de México cuenta con mecanismos para recuperar fosas abandonadas, regularizar títulos de sepultura y mejorar la administración de los servicios funerarios. La falta de espacios disponibles, el mantenimiento de la infraestructura y la conservación del patrimonio funerario plantean un desafío que exige mayor coordinación entre las alcaldías y las autoridades capitalinas, así como recursos y una estrategia de largo plazo.
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La paradoja es que, mientras cada noviembre la ciudad demuestra su enorme capacidad para honrar a los muertos, también enfrenta dificultades para garantizar espacios dignos donde descansarán las siguientes generaciones. En una metrópoli que continúa creciendo, la pregunta ya no es solamente cómo conservar sus tradiciones funerarias, sino dónde y en qué condiciones podrá enterrar a sus muertos en el futuro.