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Cempasúchil en la megaurbe: alcaldías donde todavía florece el campo

En una capital dominada por el concreto, Xochimilco, Tláhuac y Milpa Alta mantienen viva la producción agrícola. Este año se cultivaron cerca de 10 millones de plantas de cempasúchil, una actividad que también pone sobre la mesa la protección del suelo rural y el respaldo a sus productores.

Cempasúchil en la megaurbe: alcaldías donde todavía florece el campo

En una ciudad de millones de habitantes, grandes avenidas, edificios y desarrollos inmobiliarios, todavía hay alcaldías donde la tierra se trabaja, las flores se cosechan y la economía de cientos de familias depende del campo. Aunque parezca difícil imaginarlo en una de las mayores urbes del mundo, la Ciudad de México, se encuentra entre los principales productores nacionales de cempasúchil en maceta. En 2026, su producción alcanzó casi 10 millones de plantas, cultivadas principalmente en Xochimilco y Tláhuac. Estas dos alcaldías donde las chinampas, los canales y los terrenos agrícolas forman parte de un paisaje que contrasta con el crecimiento urbano. A ellas se suma Milpa Alta, otro de los territorios que conservan una importante vocación rural dentro de la capital.

De acuerdo con la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México (SEDEMA), durante 2026 se cultivaron cerca de 10 millones de plantas de cempasúchil, gracias al trabajo de 596 productoras y productores. La cifra representa un crecimiento considerable respecto a 2019, cuando la producción apenas superaba el millón de plantas. Detrás de estos números hay una realidad que suele pasar inadvertida: la capital no solamente consume productos agrícolas provenientes de otros estados, también los produce en su propio territorio, en alcaldías donde la expansión de la mancha urbana convive con actividades campesinas que han sobrevivido durante generaciones.

Pueblos como San Luis Tlaxialtemalco, San Gregorio Atlapulco, Santiago Tepalcatlalpan y Santiago Tulyehualco forman parte de esta geografía floral. Allí, el cempasúchil no es únicamente una tradición de temporada, sino una fuente de ingresos y una muestra de que el suelo agrícola todavía tiene un papel económico dentro de la Ciudad de México.

El campo también es responsabilidad de las alcaldías

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La permanencia de estas zonas productivas plantea un desafío para las autoridades capitalinas y los gobiernos de las demarcaciones: cómo proteger los espacios agrícolas frente a la presión inmobiliaria, el cambio de uso de suelo y las necesidades de infraestructura y servicios de una ciudad que continúa creciendo. En ese escenario, el respaldo institucional resulta fundamental. Programas como Altépetl Bienestar, impulsado por el gobierno de la Ciudad de México, proporcionan apoyos económicos, técnicos y materiales a las familias dedicadas a la producción rural. Sin embargo, el aumento de la cosecha también abre preguntas sobre las condiciones en las que trabajan los floricultores, la conservación de las zonas de cultivo y la capacidad de las autoridades para garantizar que esta actividad siga siendo viable más allá de las temporadas de alta demanda.

De las alcaldías rurales a Paseo de la Reforma

Parte de esa producción llegó este octubre al corazón de la capital. Del 18 de octubre al 1 de noviembre, el Festival Flores de Cempasúchil 2026 reúne a 140 floricultores y productores agroecológicos de Xochimilco, Tláhuac y Milpa Alta sobre Paseo de la Reforma, entre el Ángel de la Independencia y el Ahuehuete. La expo-venta permite que los productores comercialicen directamente sus plantas, sin intermediarios, y acerca a los habitantes de las zonas más urbanizadas una actividad económica que se desarrolla a pocos kilómetros, pero que muchas veces parece pertenecer a otra realidad. La SEDEMA también anunció espacios de venta directa en Reforma, mientras que en Xochimilco permanecen como alternativas los mercados de plantas Madreselva, Palacio de la Flor, Campo 7, Cuemanco, Cuemanquito y Acuexcomatl.

Así, mientras miles de flores naranjas comienzan a llenar las calles y los hogares de la ciudad, su presencia deja una pregunta que va más allá del Día de Muertos: ¿qué están haciendo las autoridades para garantizar que Xochimilco, Tláhuac y Milpa Alta sigan teniendo tierras donde cultivar? Porque en una megaciudad donde cada metro cuadrado parece disputarse entre el asfalto y el concreto, que todavía puedan cosecharse millones de flores no solamente es una sorpresa. También es un patrimonio productivo cuya permanencia depende de decisiones políticas, ambientales y presupuestales.

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