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Cultura
Cada 28 de octubre, miles de fieles toman las calles de la Ciudad de México para celebrar al santo de las causas difíciles. Su devoción trasciende la religión y se ha convertido en un fenómeno de identidad, cultura popular y pertenencia social.
En la Ciudad de México hay un santo que viaja en Metro, aparece tatuado en la piel de sus devotos, escucha reguetón y tiene su propia fiesta multitudinaria. Es San Judas Tadeo, mejor conocido como San Juditas, una figura religiosa que ha trascendido los altares para convertirse en uno de los símbolos más reconocibles de la cultura popular chilanga.
Cada 28 de octubre, miles de personas llegan al templo de San Hipólito, ubicado en el cruce de Paseo de la Reforma y avenida Hidalgo. Algunos cargan imágenes de tamaño natural, otros llevan flores, veladoras o escapularios. Hay quienes acuden para pedir un milagro y quienes regresan para agradecer uno recibido.
Pero ¿cómo logró un santo católico convertirse en una figura tan cercana a los habitantes de una de las ciudades más grandes del mundo? La respuesta está relacionada con su condición de patrono de las causas difíciles y desesperadas. En una metrópoli marcada por las desigualdades económicas, el desempleo, la inseguridad y las dificultades cotidianas, San Judas representa para muchos creyentes una esperanza cuando las soluciones parecen agotarse.
La devoción adquirió fuerza en San Hipólito durante la segunda mitad del siglo XX. En la década de 1960, su imagen fue trasladada a este templo, donde la afluencia de creyentes creció hasta que en 1982 fue colocada en el altar mayor. Desde entonces, su presencia rebasó las iglesias. Su imagen aparece en mercados, puestos callejeros, automóviles, talleres mecánicos y hogares. También se ha incorporado a la estética juvenil mediante tatuajes, prendas de vestir, cadenas y accesorios.
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San Juditas es especialmente visible entre sectores donde la religión convive con expresiones de la cultura urbana. Para muchos jóvenes, portar su imagen significa protección, agradecimiento y pertenencia a una comunidad. Sin embargo, esta devoción también enfrenta estigmas. Durante años, algunos jóvenes identificados como “sanjuderos” han sido asociados con la delincuencia, el consumo de drogas o determinadas formas de vestir y escuchar música.
Una investigación académica de Thania Sttephanni Álvarez Juárez, publicada en 2019, documentó que estas representaciones invisibilizan la diversidad de los creyentes. A San Hipólito acuden estudiantes, trabajadores, comerciantes, amas de casa, adultos mayores y familias enteras para venerar a San Juditas. La celebración es, para numerosos devotos, una forma de ocupar el espacio público y hacer visible su identidad.
El 28 de octubre se desarrolla una importante actividad comercial relacionada con San Judas en los alrededores de la iglesia San Hipólito. Se ofrecen imágenes religiosas, flores, veladoras, medallas, ropa y alimentos, mientras los negocios de los alrededores reciben a los visitantes. La fiesta transforma temporalmente la dinámica del Centro Histórico y sus alrededores. Este año, el Metro anunció un operativo especial con 50 elementos de seguridad en la estación Hidalgo durante el 27 y 28 de octubre, ante la concentración de fieles.
Aunque su celebración principal ocurre en octubre, cada día 28 del mes llegan creyentes al templo para participar en misas, realizar peticiones o agradecer los favores que atribuyen al santo. La celebración principal será este miércoles 28 de octubre, aunque desde el martes 27 comienza la llegada de peregrinos. Durante la jornada se celebran misas y actividades religiosas; los horarios específicos deben consultarse en los avisos oficiales del templo.
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Para llegar en transporte público, la opción más directa es la estación Hidalgo de las líneas 2 y 3 del Metro. También se puede caminar desde la estación Juárez, de la línea 3, o Bellas Artes, de las líneas 2 y 8. Ante la afluencia de visitantes, conviene prever aglomeraciones, controles de acceso y posibles afectaciones viales en el entorno de avenida Hidalgo y Paseo de la Reforma.
La popularidad de San Judas Tadeo también habla de la manera en que los capitalinos construyen sus propias tradiciones. Su celebración mezcla religión, música, comercio, convivencia comunitaria y expresiones culturales que forman parte de la vida cotidiana. En una ciudad donde millones de personas enfrentan dificultades para salir adelante, la figura de San Juditas funciona como un símbolo de esperanza compartida.
Por eso, cada 28 de octubre, entre imágenes verdes y amarillas, promesas, agradecimientos y multitudes, la iglesia de San Hipólito se convierte en el escenario de una de las manifestaciones de fe más representativas de la capital. Porque, aunque la Iglesia lo reconoce como patrono de las causas difíciles y desesperadas, en las calles de la Ciudad de México muchos lo han adoptado como algo más cercano: el patrón de los chilangos.