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Agua, movilidad e inseguridad siguen marcando la vida de millones de mexiquenses desde hace casi un siglo a pesar de décadas de promesas sobre nuevas inversiones y programas públicos.
En el Estado de México, el agua puede faltar durante semanas pero las calles y las viviendas se inundan en cuanto caen las primeras gotas de lluvia. Miles de personas no tienen más opción que depender de un transporte público insuficiente, limitado, inseguro y decadente, que para colmo es carísimo. Y por si no fuera suficiente, el estado sufre de una inseguridad rampante en varios de sus municipios, que parece imparable.
Y es que hay un dato que no debemos pasar por alto y que ayuda a entender la magnitud de estos desafíos: el gobierno del Estado de México vió su primera alternancia partidista apenas en 2023, cuando Delfina Gómez, de MORENA, puso fin a casi un siglo de gobiernos estatales encabezados por el PRI y sus antecesores políticos. Así, agua, movilidad e inseguridad son problemas heredados de décadas de administraciones priistas que ahora corresponde atender al gobierno de MORENA. La alternancia modificó el mapa político mexiquense; la pregunta es si también conseguirá transformar las condiciones de vida de sus habitantes.
Agua, movilidad e inseguridad son tres problemas que han persistido pese a cambio de gobernadores y la hegemonía aplastante de un partido político que hizo promesas de transformación que jamás cumplió. Después de décadas en el olvido, ninguno de los tres tiene una solución sencilla, pero todos comparten una característica: requieren políticas de largo plazo que superen los periodos de una administración.
Agua: de la escasez a las inundaciones
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La contradicción es evidente: mientras algunas comunidades enfrentan problemas de abastecimiento, otras padecen inundaciones recurrentes. El Atlas de Inundaciones 2026, elaborado por la Comisión del Agua del Estado de México (CAEM), documentó durante la temporada de lluvias de 2025 un total de 382 eventos: 92 inundaciones urbanas, cinco rurales y 285 encharcamientos, distribuidos en 41 municipios. Según el organismo estatal, las afectaciones alcanzaron a 11 mil 895 habitantes. El diagnóstico también identificó que 17% del territorio mexiquense presenta algún grado de susceptibilidad a inundaciones. Las causas incluyen urbanización acelerada, saturación de drenajes, acumulación de basura y reducción de superficies capaces de absorber el agua.
Para enfrentar el problema, la Comisión Nacional del Agua anunció en julio de 2026 inversiones estimadas alrededor de los 23,300 millones de pesos que se destinarán para mejorar el abastecimiento y reducir riesgos de inundación en el Valle de México. Entre los proyectos destacan infraestructura de drenaje y nuevas instalaciones para potabilizar agua. Sin embargo, construir obras no garantiza por sí mismo una distribución equitativa ni elimina la necesidad de mantener redes y sistemas municipales. El desafío es doble: garantizar agua suficiente y evitar que las lluvias se conviertan en emergencias.
Para miles de mexiquenses, trabajar o estudiar significa desplazarse entre municipios y casi siempre, trasladarse a la Ciudad de México. La expansión urbana, la distancia entre viviendas y centros de empleo, así como la fragmentación de los servicios de transporte, han convertido la movilidad en un problema de la Zona Metropolitana del Valle de México que no puede resolver una sola autoridad. En julio de 2025, el gobierno federal presentó el Plan Integral para la Zona Oriente del Estado de México, con 121 acciones y una inversión anunciada de 75,786 millones de pesos para distintos rubros, entre ellos movilidad, seguridad, vivienda y servicios públicos.
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Entre los proyectos de transporte destaca el Trolebús Ixtapaluca, de 10 kilómetros y 12 estaciones, con una inversión prevista de 2,500 millones de pesos y una demanda estimada de casi 53 mil pasajeros diarios. Su conclusión se proyecta para 2027. También se contempla una ampliación del Mexibús en Nezahualcóyotl y la modernización de vialidades y conexiones regionales.
Si bien estas obras podrían mejorar los desplazamientos en determinadas rutas, el rezago es tal, que el reto es amplio: lograr que el transporte sea accesible, seguro, eficiente y esté conectado con los lugares donde realmente vive y trabaja la población. Porque la pregunta no es únicamente cuántos kilómetros de infraestructura se construyen, sino cuánto tiempo y dinero lograrán ahorrar los usuarios.
La inseguridad continúa siendo una de las principales preocupaciones en diversos municipios mexiquenses. Robo en transporte público, extorsión, violencia contra las mujeres y delitos patrimoniales forman parte de una problemática que afecta de manera distinta a cada región. Las encuestas del INEGI han documentado elevados niveles de percepción de inseguridad en ciudades como Ecatepec y Chimalhuacán, aunque algunos indicadores han mostrado mejorías.
Por otra parte, las autoridades federales y estatales han reportado reducciones en determinados delitos, especialmente homicidios y robos. Esos avances deben reconocerse, pero también contrastarse con las denuncias, la victimización y la experiencia cotidiana de la población. Porque una reducción estadística no significa que las personas hayan recuperado automáticamente la confianza para viajar, caminar o mantener abierto un negocio. El problema exige coordinación policial, investigaciones eficaces, prevención de la violencia y resultados judiciales, además de operativos de vigilancia.
Los tres desafíos comparten obstáculos: crecimiento urbano desordenado; infraestructura insuficiente o envejecida; desigualdad territorial y responsabilidades divididas entre municipios, gobierno estatal y federación. La actual administración de Delfina Gómez y el gobierno federal han anunciado inversiones y proyectos para atender parte de estas necesidades, especialmente en el oriente mexiquense. Pero muchas de esas acciones todavía están en desarrollo, por lo que sus resultados deberán evaluarse con indicadores verificables.
El Estado de México no carece de planes ni de anuncios de inversión. Lo que necesita demostrar, administración tras administración, es que ahora si esos recursos se traducen en servicios más confiables, desplazamientos menos difíciles y comunidades más seguras. Porque el verdadero avance se va a experimentar no sólo cuando comiencen a inaugurarse obras, sino cuando las personas dejen de padecer los mismos problemas de siempre. ¡Ya es tiempo!