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Gobierno
Cada martes, el gobierno de la Ciudad de México presume cercanía y atención directa en el zócalo capitalino. La experiencia, sin embargo, deja un contraste: mientras las brigadas responden con rapidez, para la prensa el acceso puede convertirse en una ruta de filtros, permisos y vueltas innecesarias.
El programa de Clara Brugada: “Zócalo de Gobierno Ciudadano”, nació con una promesa clara: acercar a las dependencias de la Ciudad de México a la población y resolver, en un mismo espacio, trámites, dudas y problemas que normalmente obligan a recorrer oficinas. Y en parte funciona. Durante la jornada, obla respuesta de las brigadas fue rápida y hubo disposición para orientar y canalizar solicitudes. Dependencias como la Secretaría de Gobierno, Seguridad Ciudadana, Cultura, Vivienda, Participación Ciudadana y la Procuraduría Social de la Ciudad de México (PROSOC) forman parte de este esquema de atención directa.
Pero cuando quien intenta acercarse es un medio de comunicación, la experiencia cambia.
El acceso resultó mucho más controlado y burocrático. Hubo indicaciones de regresar, completar pasos adicionales y cumplir procedimientos antes de poder avanzar, aun cuando el objetivo era únicamente documentar cómo funciona una jornada que, por definición, busca proyectar apertura y cercanía.
La contradicción es difícil de ignorar: un gobierno que saca sus oficinas a la plaza pública debería facilitar también el trabajo de quienes buscan comunicar lo que ahí ocurre. ¿Será que la apertura del Gobierno de Clara Brugada es igual para todos los medios o resulta más sencilla para aquellos que le son favorables?
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No hay elementos para afirmar que exista un trato preferencial deliberado, pero la experiencia sí deja una duda válida sobre qué tan abierto es realmente el acceso a la jefa de Gobierno y a su equipo cuando la cobertura no está previamente controlada.
El Zócalo de Gobierno Ciudadano puede ser una buena herramienta de atención pública. La respuesta de sus brigadas lo demuestra. Pero si la apuesta es la cercanía, la apertura también tendría que medirse en el trato a la prensa, incluso cuando las preguntas no sean cómodas.