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Politica
Diecisiete estados, diecisiete coordinaciones y un mismo método que no dejó el mismo sabor en todas partes. MORENA cerró su primera gran batalla rumbo a 2027 con perfiles que llegaron sin sobresaltos, otros que confirmaron lo que ya se veía venir y algunos nombramientos que pusieron a prueba la disciplina interna del movimiento.
MORENA arma su tablero para 2027: entre aciertos, sorpresas y decisiones que abren heridas FOTO: AI
El partido guinda ya tiene completo el tablero con el que comenzará a disputar las gubernaturas de 2027. Formalmente son coordinadores estatales de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional; políticamente, sus nombramientos los colocan en la antesala de las candidaturas.
El proceso dejó un poco de todo. Hubo resultados prácticamente “cantados”, liderazgos construidos durante meses y designaciones recibidas con unidad. Pero también afloraron reclamos, derrotas difíciles de digerir y espacios conquistados por el Partido Verde. Y quedó una pregunta incómoda que seguirá acompañando a MORENA mientras no se conozcan a detalle sus encuestas: hasta dónde pesó realmente la medición y en qué punto comenzaron a imponerse los intereses políticos. Todo ello, pese a que la propia dirigencia prometió transparentar los estudios tras las inconformidades surgidas en distintas entidades.
En Aguascalientes, Nora Ruvalcaba volvió a colocarse al frente del proyecto morenista, una decisión previsible por tratarse de un perfil ampliamente conocido en la entidad. En Campeche, ocurrió algo similar con Pablo Gutiérrez Lazarus, mientras que en Colima la coordinación quedó en manos de Rosa María Bayardo. En los tres casos, MORENA optó por perfiles que avanzaron sin mayores sobresaltos y cuyas designaciones no detonaron confrontaciones internas de relevancia.
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Algo similar ocurrió en Tlaxcala, donde la senadora Ana Lilia Rivera quedó al frente, aunque su designación dejó fuera a otros perfiles que también habían competido por la posición.
En Querétaro, la llegada de Santiago Nieto Castillo difícilmente puede calificarse como sorpresa. Desde meses antes aparecía consistentemente entre los perfiles de MORENA con mayor posicionamiento.
Una medición de Rubrum de agosto lo colocó con 57.2% de las preferencias entre los perfiles evaluados del partido, muy por encima de sus competidores internos.
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Sin embargo, su designación es la punta del iceberg, pues distintas encuestas muestran que MORENA todavía enfrenta una competencia compleja frente al PAN en la elección constitucional. Aquí el partido no apostó por experimentar: eligió el nombre que llevaba meses instalado en la conversación.
Imelda Castro obtuvo la coordinación de MORENA en Sinaloa, pero su reto excede por mucho cualquier disputa partidista.
Recibe un estado atravesado por una prolongada crisis de seguridad, desgaste económico y una discusión cada vez más incómoda sobre el costo político que puede pagar el partido. La propia Castro ha reconocido que existe el voto de castigo y que el partido no puede confiarse.
Su designación podrá haber resuelto la interna, pero gobernar la narrativa de Sinaloa será una tarea mucho más compleja. ¿Estará preparada para ello?.
En Guerrero, Beatriz Mojica Morga llegó a la recta final con números competitivos y terminó quedándose con la coordinación de MORENA. Hasta ahí, el resultado podía explicarse desde las encuestas. El problema vino después.
Abelina López, alcaldesa con licencia de Acapulco y también aspirante, no se limitó a reconocer la derrota. Lanzó una frase que abrió otra lectura del proceso: habían ganado las “encuestas de papel”.
¿A qué se refería exactamente? ¿A qué mediciones, desde su perspectiva, no correspondían con lo que ocurría en territorio? ¿A qué resultados consideró insuficientemente transparentes? ¿O a una decisión política ya tomada y posteriormente respaldada por los números?
Abelina no presentó pruebas públicas que permitieran sostener alguna de esas interpretaciones como un hecho, pero su expresión dejó instalada la duda y exhibió que la designación de Mojica no cerró por completo la contienda interna.
Ese será uno de los primeros retos de la nueva coordinadora: demostrar que no solo ganó una encuesta, sino que puede ganar también la confianza de quienes salieron derrotados. Porque en Guerrero, MORENA ya tiene coordinadora; lo que todavía está por verse es si también tiene unidad.
Entre las decisiones más sólidas del proceso aparece Carlos Torres Piña en Michoacán. Su ventaja no nació en una mesa ni apareció de último momento: se fue construyendo en territorio, con presencia, estructura y una aceptación que terminó reflejándose en las mediciones.
Durante semanas, distintas encuestas lo mantuvieron al frente y la propia dirigencia sostuvo que se impuso tanto en el estudio principal como en los ejercicios espejo.
Aquí la lectura es distinta. Más que una negociación de última hora, el resultado parece la recompensa de un trabajo político acumulado. Torres Piña sembró presencia durante meses y, esta vez, la encuesta terminó cosechando lo que ya estaba en el terreno.
En Quintana Roo, MORENA se inclinó por Eugenio “Gino” Segura, pero la decisión dejó una pregunta difícil de ignorar: ¿fue únicamente resultado de las encuestas o parte de un entendimiento político con el Partido Verde?
La duda no surge en el vacío. El PVEM llegó a este proceso con mayor peso dentro de la alianza y con capacidad para disputar espacios que antes parecían reservados para Morena. En varias entidades, sus cuadros terminaron colocándose en posiciones clave.
Por eso, en Quintana Roo el nombramiento de Segura también puede leerse como una señal del nuevo equilibrio entre aliados y queda la duda sobre si MORENA eligió al perfil mejor posicionado o cedió una pieza para mantener cohesionada la coalición rumbo a 2027.
Mientras no se conozcan con detalle los criterios y resultados que definieron la decisión, la sospecha de un acuerdo político seguirá flotando sobre la mesa.
Otro de los nombramientos que dejó más ruido que certezas fue el de Verónica Díaz Robles en Zacatecas.
La inconformidad no apareció de la nada. Ulises Mejía llegó a la definición como uno de los perfiles mejor posicionados y distintas mediciones lo colocaban en una competencia cerrada, e incluso al frente en algunos ejercicios. Por eso, cuando el partido terminó inclinándose a favor de Díaz Robles, el resultado no pasó inadvertido.
El malestar escaló especialmente entre sectores vinculados al PT, desde donde se cuestionaron los acuerdos y la metodología utilizada para definir las candidaturas.
Y entonces apareció la versión inevitable en la política zacatecana: la mano de los Monreal.
En círculos políticos se habló de una posible intervención del grupo para favorecer a Verónica Díaz. Hasta ahora, sin embargo, no existe evidencia pública suficiente para afirmar que esa influencia haya definido la decisión. Cuando el puntero no termina siendo el elegido y las encuestas no se transparentan por completo, el vacío se llena de versiones.
MORENA puede desactivar esa sospecha de una sola manera: mostrando con claridad qué midió, cómo lo midió y por qué terminó eligiendo a Díaz Robles.
En Baja California, MORENA se decantó por Julieta Ramírez Padilla.
A diferencia de otros estados, la imagen posterior al nombramiento fue de respaldo y cierre de filas. La senadora con licencia recibió la coordinación sin que el proceso desembocara en una ruptura comparable con Guerrero o Zacatecas.
Para el partido, lograr que esa unidad sobreviva a la campaña será tan importante como haber ganado la encuesta.
San Luis Potosí dejó una de las mayores paradojas del proceso interno de Morena: hubo 28 aspirantes registrados, una encuesta y reglas para competir, pero la coordinación terminó en manos de Elí César Cervantes Rojas, quien originalmente ni siquiera se había inscrito.
La explicación de la dirigencia fue que ninguno de los participantes alcanzó el 10% requerido por la metodología. Ante ese escenario, la Comisión Nacional de Elecciones abandonó la definición por encuesta y recurrió al consenso para colocar a Cervantes al frente del proyecto rumbo a 2027.
Entonces, ¿qué valor tuvo el proceso de registro si la solución terminó llegando desde fuera de la lista original?
La designación puede estar dentro de las facultades de la dirigencia, pero políticamente deja una contradicción difícil de ignorar: 28 aspirantes entraron a competir bajo determinadas reglas y quien terminó ganando no había participado desde el arranque.
En San Luis Potosí, MORENA quizá resolvió el nombre; lo que todavía debe explicar con claridad es el método.
Y entonces aparece una de las decisiones más difíciles de explicar: Clara Luz Flores Carrales, otra vez en Nuevo León.
MORENA vuelve a apostar por una política que ya intentó conquistar la gubernatura en 2021 y terminó en cuarto lugar, con alrededor del 14% de los votos. Pero aquella derrota no fue solamente electoral: su campaña quedó marcada por uno de los episodios más incómodos de su trayectoria política.
Flores había negado conocer personalmente a Keith Raniere, fundador de NXIVM, hasta que apareció un video de una reunión que sostuvo con él. Raniere fue posteriormente condenado en Estados Unidos por delitos relacionados con explotación sexual, tráfico de personas y pornografía infantil. El episodio convirtió a NXIVM en una sombra difícil de separar de aquella campaña y abrió cuestionamientos sobre la credibilidad de la entonces candidata.
Y la designación no llegó acompañada precisamente de una fotografía de unidad absoluta. Tatiana Clouthier, una de sus principales competidoras internas, aceptó el resultado porque había decidido participar bajo esas reglas, pero evitó respaldar expresamente a Flores. Cuando le preguntaron si la acompañaría, respondió que su respaldo está con Claudia Sheinbaum y su proyecto político, no con la nueva coordinadora. Incluso, al cuestionarla sobre la derrota de Clara Luz en 2021, cortó: “Ahí pregúntele a ella”.
La escena deja una pregunta mucho más grande que el resultado de una encuesta: ¿qué encontró MORENA en Clara Luz en 2026 que no había funcionado en 2021?
Porque Nuevo León no es un estado que el partido esté defendiendo; es uno que todavía intenta conquistar. Y volver a colocar al frente a una candidata que ya perdió, cargando además con uno de los escándalos más recordados de aquella elección, convierte esta designación en una apuesta de alto riesgo.
MORENA eligió experiencia; falta saber si Nuevo León verá una segunda oportunidad o simplemente una candidatura reciclada.
En Nayarit, el resultado rompió buena parte de los pronósticos públicos.
La coordinación quedó en manos de Jasmine Bugarín, senadora del Partido Verde. Mientras tanto, varias encuestas difundidas antes de la definición colocaban a Geraldine Ponce por encima.
También existieron otras mediciones que favorecieron a Bugarín, lo que demuestra la disparidad que rodeó el proceso.
Por eso aquí hay una pregunta legítima, sin necesidad de convertirla en acusación: ¿qué encuesta terminó pesando más?
También se ha especulado sobre una supuesta intervención del gobernador para frenar a Ponce, pero hasta ahora no existe sustento público suficiente para afirmarlo.
Y otro tema requiere todavía mayor cautela: versiones sobre la nacionalidad o situación migratoria de Bugarín. Los registros legislativos disponibles la identifican como senadora por Nayarit, pero no encontré documentación oficial que permita sostener que posee una green card o que exista actualmente un impedimento legal derivado de una supuesta doble nacionalidad.
Si ese debate pretende formar parte de la contienda, tendrá que demostrarse con documentos y no con rumores.
En Sonora, Lorenia Valles Sampedro avanzó sin una crisis interna comparable a la de otras entidades.
Su nombramiento terminó siendo una de las decisiones menos accidentadas de la ronda final y mantiene a Morena con una figura identificada desde hace años con el movimiento.
En Baja California Sur, la coordinación quedó para Manuel Alejandro Cota Cárdenas, diputado federal con licencia del PVEM.
Con la candidatura en manos de uno de los cuadros del Verde, y el desplazo a aspirantes de MORENA que buscaban encabezar el proyecto, el PVEM demostró su fuerza en la región.
Más que una derrota aislada para algún aspirante, es otra demostración de que los aliados comenzaron a cobrar mayor peso dentro del bloque oficialista.
Y finalmente llegó Chihuahua. Probablemente ningún estado resumió mejor las tensiones de todo el proceso.
De un lado estaba Andrea Chávez, una de las figuras con mayor exposición nacional de su generación, con una base política propia y una cercanía ampliamente señalada con Adán Augusto López Hernández. Del otro, Cruz Pérez Cuéllar, alcalde con licencia de Ciudad Juárez, menos estridente mediáticamente pero con estructura territorial y experiencia electoral.
Las mediciones mostraban una competencia cerrada, sin embargo, si algo destacaba de Chávez era el nivel de opinión negativa mayor para la senadora.
Morena finalmente eligió a Cruz Pérez Cuéllar. Andrea Chávez asumió la derrota y declaró que la presidenta Claudia Sheinbaum “tiene un soldado en una servidora”. Una disciplina partidista que, llegado ese momento, prácticamente era la única salida posible.
Su popularidad es difícil de ignorar, pero también lo son los negativos y las controversias que acompañaron su crecimiento político. Cruz Pérez Cuéllar ofrece otra fórmula: menos carisma nacional, más territorio; menos fenómeno mediático, más operación política.
Después de semanas de tensión, Chihuahua dejó una enseñanza que se repite en buena parte del mapa: ganar una encuesta no solamente exige ser conocido; también importa cuánto rechazo genera un perfil, cuánto territorio construyó y qué tan capaz será de mantener unido al movimiento después de derrotar a sus propios compañeros.
MORENA ya eligió sus 17 cartas. Ahora comienza la parte difícil: demostrar cuáles fueron verdaderos aciertos, cuáles simples equilibrios internos y cuáles decisiones terminarán cobrando factura cuando las encuestas dejen de hacerse dentro del partido y sean los ciudadanos quienes tengan la última palabra.