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Europa en llamas! Ola de descontento por el costo de vida

Francia registró enfrentamientos, incendios y cientos de detenciones, mientras Bélgica, Italia y Portugal también vivieron jornadas de movilización.

Europa en llamas! Ola de descontento por el costo de vida

Las manifestaciones contra el encarecimiento de la vida, los recortes presupuestarios y el deterioro de los servicios públicos se extendieron por varios países europeos. Europa atraviesa una nueva ola de protestas sociales que alcanzó uno de sus momentos más críticos ayer, sábado 17 de octubre, cuando cientos de miles de personas salieron a las calles para exigir mejores salarios, servicios públicos de calidad y medidas frente al encarecimiento de la vivienda, los alimentos y los combustibles.
Francia concentró los disturbios más graves, con enfrentamientos entre manifestantes y policías, saqueos, incendios y ataques a edificios públicos.

Como suele suceder cuando el mundo alcanza un punto álgido en la historia –como con las protestas estudiantiles del 68, la Primavera árabe y el Movimiento de los indignados y el Occupy Wall Street, entre 2010 y 2011– no se trata de protestas organizadas bajo un mando común, sino de movimientos que han coincidido en sus demandas y que muchas veces se inspiran mutuamente. De esta manera, protestas con demandas similares se han registrado también en Bélgica, Italia y Portugal, en donde se comparte el malestar por la pérdida de poder adquisitivo.

Francia: de protestas estudiantiles a movilización nacional

El origen de la actual crisis francesa mantiene cierto vínculo con el movimiento de los Chalecos amarillos surgido en noviembre de 2018 donde personas que vestian este tipo de prendas que normalmente utilizan trabajadores públicos en las calles, se manifestaron en contra del aumento combustibles –particularmente el diesel– y que eventualmente evolucionó en una protesta más amplia contra la desigualdad y las políticas económicas del presidente Emmanuel Macron. La protesta actual se encendió este pasado septiembre, cuando estudiantes de secundaria parisinos se lanzaron a las calles de los suburbios para demandar mejoras ante la falta de profesores, el deterioro de las instalaciones escolares y la saturación en las aulas. Poco a poco el reclamo se ha ido extendiendo a otras ciudades, donde sindicatos, trabajadores públicos, transportistas y agricultores se han sumado a las protestas. Estos grupos han incorporado a las demandas el rechazo a los recortes presupuestarios, la inflación y la pérdida de poder adquisitivo.

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La jornada de ayer alcanzó niveles alarmantes por el nivel de violencia y destrucción alcanzados. Uno de los episodios más graves ocurrió en la ciudad de Limoges, donde aproximadamente 500 mil manifestantes –de acuerdo a reportes oficiales, aunque otras fuentes señalan que eran más de 800 mil– prendieron fuego a la planta baja del histórico edificio del ayuntamiento, inaugurado en 1883, provocando el derrumbamiento del inmueble. También se registraron marchas y disturbios en París, Marsella, Lyon, Lille, Burdeos, donde se lanzaron objetos contra las fuerzas de seguridad, se levantaron barricadas, se incendiaron vehículos y se atacaron establecimientos comerciales. Mientras que en otras ciudades francesas se realizaron manifestaciones pacíficas, en Paris, una de las icónicas estatuas de la capital, fue vestida con un chaleco amarillo pintado con demandas. La imagen ya dio vuelta al mundo.

La policía respondió con toda su fuerza lanzando gases lacrimógenos, cañones de agua y otros dispositivos antidisturbios contra los ciudadanos. Tanto, que ya se abrieron investigaciones sobre posibles excesos policiales, particularmente la relacionada con un manifestante que sufrió una lesión grave en una mano en la ciudad de Saint-Étienne. Aún no se tienen reportes oficiales sobre el número exacto de detenciones y personas lesionadas, aunque por lo pronto, de acuerdo a Reuters, se habla de la muerte de un manifestante que sufrió un paro cardiaco durante las protestas en París, más de dos mil detenciones y más de 600 los policías lesionados durante los disturbios de ayer sábado.

Hasta el momento, la postura del gobierno francés es la históricamente típica en estos casos: atribuyó los saqueos y ataques a edificios públicos a grupos de extrema izquierda y personas que aprovecharon las manifestaciones para cometer delitos, algo que equivale a decir que no toda la ciudadanía está descontenta sino que ha sido manipulada por fuerzas externas quienes son las responsables de los actos violentos. El presidente francés, Emmanuel Macron condenó los actos violentos, advirtió que los responsables enfrentarán consecuencias judiciales y anunció que se dirigirá a la nación este domingo 18 de octubre a las 20:00 horas, tiempo de París.

La situación en Bélgica, Italia y Portugal

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En Bélgica, las protestas también provienen del sector estudiantil donde se reclama el aumento de los costos educativos y las reformas al sistema de enseñanza. Ayer se registraron enfrentamientos en Bruselas y Lieja, donde la policía también utilizó gases lacrimógenos y cañones de agua para dispersar a grupos que lanzaron objetos e incendiaron barricadas. El Ministro del interior, Bernard Quintin, condenó los disturbios y anunció medidas para restablecer el orden.

En Italia, también el día de ayer ocurrieron movilizaciones para protestar contra las guerras y el encarecimiento de la vida, que terminaron en enfrentamientos, principalmente en Milán y Bologna. En Milán se registraron saqueos, incendios y ataques con piedras contra agentes de seguridad. La agencia italiana LaPresse reportó alrededor de 50 detenidos y dos policías lesionados. La primera ministra Giorgia Meloni condenó los hechos violentos, mientras el alcalde de Milán, Giuseppe Sala, reconoció la legitimidad de las preocupaciones sociales, pero rechazó los daños y las agresiones.

En Portugal, decenas de miles de personas marcharon en Lisboa para reclamar aumentos salariales y de pensiones, así como soluciones a la crisis de vivienda. La movilización incluyó la instalación de tiendas de campaña en la plaza Rossio.
El gobierno portugués, por medio del Ministro de asuntos parlamentarios, Carlos Abreu Amorim, había advertido el viernes 16 de octubre que no modificaría sus decisiones únicamente por la presión de las manifestaciones.

También se han registrado otras movilizaciones estudiantiles en otros países europeos durante octubre. Grecia, Irlanda, Alemania y Austria han sido sede de protestas igualmente relacionadas con financiamiento educativo, colegiaturas y acceso a la vivienda, aunque ninguna ha tenido la misma dimensión ni violencia que las ocurridas en Francia.

El malestar que aparentemente comienza a apoderarse del continente europeo responde a una combinación de factores económicos y sociales, que no son ajenos a otros continentes: la falta de ingresos suficientes para sostener el costo de vida e inversiones públicas deficientes. Todo indica que la chispa que encendió el conflicto en Francia fueron los planes de ajuste presupuestario y la presión sobre las finanzas públicas. El gobierno de Macron busca contener el déficit y la deuda, mientras los sindicatos cuestionan que los recortes hayan ido sobre servicios esenciales como la educación. En Portugal, el cerillo se encendió por el bajo acceso a la vivienda. Según datos recogidos por Al Jazeera, los precios de compra y de alquiler se han incrementado más del doble desde 2017.

En Bélgica e Italia, la respuesta inmediata se ha concentrado en contener los disturbios y deslindar responsabilidades. En Portugal, las organizaciones sindicales mantienen sus demandas de mejores condiciones económicas, sin que se haya confirmado un acuerdo con el gobierno.

Por lo pronto, todo apunta a que el problema de fondo común es la tensión entre la necesidad de los gobiernos de controlar el gasto público y las exigencias ciudadanas de mejores salarios, vivienda asequible y servicios de calidad. Una situación que empieza a antojarse cercana a los reclamos en otros países, incluido el nuestro.

Lo más curioso es que mientras crece la tensión entre gobiernos y ciudadanos, nadie parece voltear hacia la grandes corporaciones y su evidente avaricia por aumentar indiscriminadamente sus ganancias a través del sacrificio sus trabajadores, a quienes se explota cada vez más alrededor del mundo, manteniendo salarios que nunca alcanzan a cubrir los aumentos en el costo de vida, de los que las mismas organizaciones son responsables en la mayoría de los casos.

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